A vuestro gusto (William Shakespeare) Libros Clásicos

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chas. ORLANDO.- No murmuraré de alma viviente en e
mundo, sino de mí mismo, que es en quien más de
fectos advierto
JAQUES.- El peor que tenéis es estar enamorado
ORLANDO.- Pues no cambiaría tal defecto por l
mejor de vuestras virtudes. Ya me habéis cansado
JAQUES.-A fe mía que andaba en busca de un ne
cio cuando di con vos
ORLANDO.- Se había ahogado en el arroyo. Si o
asomáis al agua le veréis la cara
JAQUES.- Allí no veré sino la mía
ORLANDO.- Pues tengo para mí que si es cara d
algo es la de un tonto
JAQUES.- No gastaré más palabras con vo
¡Adiós, señor don Cupido
ORLANDO.- Gracias a Dios que os vais. Adiós
señor don Quejumbres. (Sale Jaques. Celia y Rosalind
se adelantan.

ROSALINDA.- Le hablaré como un paje imperti
nente, y así disfrazada le haré alguna travesura
¿Oís
CELIA.- Bien, ¿qué queréis
ROSALINDA.- ¿Qué hora ha dado

ORLANDO.- Deberíais preguntar qué hora es, no qué hora ha sonado. No hay reloj en el bosque. ROSALINDA.- Es decir que no hay en el bosque ningún verdadero enamorado: porque a razón de suspiro por minuto y de gemido por hora, podría contar como un reloj el paso tardío del tiempo. ORLANDO.-¿Y no sería más propio decir el paso veloz del tiempo? ROSALINDA.- De ningún modo, señor. El tiempo camina con diferente paso para diferentes personas. Os diré para quién va con paso de andadura, para quién trota, para quién galopa y para quién se para e inmoviliza. ORLANDO.- Os ruego me digáis ¿para quién tro­ta? ROSALINDA.-A fe, trota duramente para la joven doncella desde el contrato de matrimonio hasta la bendición nupcial. Y aunque el intervalo no pase de siete días, se hace tan duro el paso del tiempo, que parece haber medido siete años. ORLANDO.- ¿Y para quién va a paso de andadu­ra? ROSALINDA.- Para el clérigo que no sabe bien el latín, y para el rico que no padece de la gota; porque aquél duerme bien no teniendo estudio que le des­vele; y éste vive alegremente no sintiendo dolor. Falta al primero el peso de la faena con que la ins­trucción debilita y consume: al otro la fastidiosa car-ga de la pobreza. Para ambos va el tiempo a paso de andadura. ORLANDO.-¿Y para quién galopa? ROSALINDA.- Para el ladrón que va al cadalso; pues aunque vaya tait, despacio como pueda ser movido, el pie, siempre le parece que llega allí de­masiado pronto.

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