A vuestro gusto (William Shakespeare) Libros Clásicos

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JAQUES.-(Aparte.) Ya querría yo ver esta entrevis­ta. AUDREY.- Bien, y que los dioses nos den regocijo. PIEDRA.- Amén. Un hombre de corazón apocado vacilaría antes de acometer la empresa; porque aquí no tenemos más templo que el bosque, ni más con­gregación que los animales de cuernos. Pero ¿y qué? ¡Valor! Por odiosos que sean, los cuernos son nece­sarios. Suelo, decirse que muchos ricos no saben todo lo que tienen. Exacto. Y muchos hombres tie­nen buenos cuernos y nunca sabrán cuántos, ni cuáles serán los últimos. Bien: es la dote que le da la mujer; no es cosa que él mismo ha traído al matri­monio. ¿Cuernos? Ni más ni menos. ¿Y sólo para los pobres? No; no. El más noble ciervo los tiene tan desmesurados como el plebeyo. ¿Es acaso feliz por eso el soltero? No; pues así como vale más una ciudad amurallada que una aldea, así la frente del marido es más honorable que la frente desnuda del soltero; y así como es más valiosa la defensa que la impericia, así es también más precioso en igual gra­do tener un buen cuerno que necesitarlo. (Entra Oli­verio Dañatextos.) Aquí viene el señor Oliverio Dañatextos. Mucho me alegro de veros, señor. ¿Queréis despacharnos aquí, a la sombra de este ár­bol, o deberemos ir con vos a vuestra capilla? OLIVERIO.- ¿No hay alguien aquí para servir de padrino a la novia y entregarla? PIEDRA.- No la tomara yo como dádiva de hom­bre alguno. OLIVERIO.- Pero si no es dada la novia, el matri­monio no es legítimo. JAQUES.- (Presentándose.) Continuad: yo la daré. PIEDRA.- Buenas tardes, señor de... ¿Cómo os lla­máis? ¿Qué tal os va? Me alegro mucho de encon­traros. Dios os premie por vuestra última visita. Tengo sumo placer en veros. ¿Tenéis aún esa friole­ra en la mano? Vamos, cubríos, os ruego. JAQUES.- ¿Os queréis casar, bufón? PIEDRA.- Como tienen el buey su yugo, el caballo su brida y el halcón sus cascabeles, así tiene el hom­bre sus deseos; y como se arrullan las palomitas, así quiere el matrimonio andar picoteando. JAQUES.- ¿Y es posible que un hombre de vuestra condición se case a escondidas como un pordiose­ro? Id al templo y tomad un buen sacerdote que os pueda decir lo que es el matrimonio: este mozo no hará más que juntaros como dos piezas de ensam­bladura; y luego uno de vosotros empezará a enco­gerse, como madera verde, y al fin todo quedará torcido.

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