A vuestro gusto (William Shakespeare) Libros Clásicos

Página 41 de 57

ROSALINDA.- Vamos, galanteadme, galanteadme
que estoy de humor de fiesta, y es bastante probabl

que consienta. ¿Qué me diríais ahora si yo fuera vuestra Rosalinda en alma y cuerpo? ORLANDO.- Principiaría por un beso antes de de­cir nada. ROSALINDA.- No; mejor sería hablar primero, y cuando os vierais embarazado por falta de asunto, podríais aprovechar la oportunidad para los besos. Hay muy buenos oradores que cuando pierden el hilo del discurso se limpian el pecho, y entre los amantes, cuando viene a faltar asunto (lo que Dios no permita en nuestro caso) el mejor método de limpiar el pecho es besarse. ORLANDO.-¿Y cuando se niega el beso? ROSALINDA.- Entonces se os obliga a suplicar, y he ahí nuevo asunto. ORLANDO.- Pero ¿a quién se le perdería el discur­so estando en presencia de la dama que adora? ROSALINDA.-A vos, por cierto, si fuese yo la da-ma; o pensaría que mi honradez no valía tanto co­mo mi discreción. ¿No soy vuestra Rosalinda? ORLANDO.- Algún placer encuentro en decir que lo sois, pues así puedo hablar de ella. ROSALINDA.- Pues en nombre de ella os digo que no quiero teneros.
ORLANDO.- Pues en mi propio nombre os digo que me muero. ROSALINDA..- No, a fe mía; morid por poderes. Este bendito mundo lleva ya cosa de seis mil años de vida, y en todo ese tiempo jamás ha habido va­rón que haya muerto en persona por enfermedad de amor. Troilo, que es uno de los modelos de amante, tuvo aplastados los sesos por una maza griega; pero hizo cuanto pudo para morir antes. A no haber sido por una calurosa noche de la canícula, Leandro ha­bría vivido muchos buenos años, por más que Hero se hubiese metido a monja; pues habéis de saber, buen joven, que no fue al Helesponto más que por darse una lavada; pero le sobrevino un calambre y se ahogó. Por esto los necios cronistas de aquel tiempo echaron la culpa a Hero de Sestos. Pero to-das éstas son mentiras. Los hombres se mueren al­guna vez y los gusanos se los comen, pero no por amor. ORLANDO.- No desearía que mi verdadera Rosa-linda fuese de ese modo de pensar; pues protesto que su enojo podría matarme. ROSALINDA.- Por esta mano protestó que no po­dría matar un mosquito. Pero vamos; seré vuestra
Rosalinda en más accesible temperamento y pe
didme lo que queráis, que os lo concederé

Página 41 de 57
 

Paginas:
Grupo de Paginas:       

Compartir:




Diccionario: