El Rey Lear (William Shakespeare) Libros Clásicos

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Mira, este hombre ha desterrado a dos de sus hijas, y a la tercera le ha
hecho un gran bien sin querer. Si le sirves, tendrás que llevar mi gorro. –– ¿Qué hay, abuelo? ¡Ojalá
tuviera yo dos gorros y dos hijas!
LEAR
¿Por qué, muchacho?
BUFÓN
Porque si les diera toda mi hacienda, me quedarían los gorros. Aquí está el mío. Pídele el otro a tus
hijas.
LEAR
Cuidado, tú, o el látigo.
BUFÓN
La verdad es el perro que se manda a la perrera. Se le sacude en la calle, mientras que a la señora perra
se la deja junto al fuego apestando.
LEAR
¡Mala peste para mí!
BUFÓN [a KENT]
Oye, te voy a enseñar algo.
LEAR
Venga.
BUFÓN
Fíjate, abuelo:
Guarda más de lo que enseñas,
di menos de lo que sepas,
presta menos lo que tengas,
más caballo y menos piernas,
si más dicen, menos creas,
sé más cauto en tus apuestas;
vino y putas deja ya
y no pases de tu puerta,
y verás que tienes más
de veinte en cada veintena.
KENT
Eso no dice nada, bobo.
BUFÓN
Entonces es como defensa de abogado que no cobra: se hace por nada. –– ¿Tú puedes hacer algo de
nada,
abuelo?
LEAR
No, muchacho: de nada no sacas nada.
BUFÓN [a KENT]
Te lo ruego, dile que a eso es a lo que ascienden sus rentas. No cree a este bobo.
LEAR
Un bobo amargo.
BUFÓN
¿Sabes qué diferencia hay, muchacho, entre un bobo amargo y un bobo dulce?
LEAR
No, joven. Dímela.*
BUFÓN
Abuelo, dame un huevo y yo te daré dos coronas.
LEAR
¿Y qué coronas serán?
BUFÓN
Pues, después de partir el huevo por la mitad y haberlo sorbido, las dos coronas del huevo. Cuando par-
tiste en dos tu corona y regalaste ambas partes, llevaste el burro a cuestas por el barro . Poco juicio
había en tu calva corona cuando regalaste la de oro. Si lo que digo es propio de mí, que azoten al

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