El mercader de Venecia (William Shakespeare) Libros Clásicos

Página 33 de 65

¡Ochenta ducados
de una sola vez! ¡Ochenta ducados!
TUBAL.- Han venido en mi compañía, camino de Venecia, diversos acreedores de Antonio, que
juraban que no podría evitar la bancarrota.
SHYLOCK.- Me alegro mucho de eso; le haré padecer, le torturaré. Estoy gozoso.
TUBAL.- Uno de estos acreedores me ha enseñado un anillo que había recibido de vuestra hija
a cambio de un mono.
SHYLOCK.- ¡Maldita sea! Me atormentas, Tubal. Era mi turquesa. La adquirí de Leah cuando
era mu chacho; no la habría dado por todo un desierto lleno de monos.
TUBAL.- Pero Antonio está ciertamente arruinado.
SHYLOCK.- Sí, sí, es verdad; es muy cierto. Anda, Tubal; tenme a sueldo un corchete; prevenle
con quince días de anticipación. Si no está puntual en el día fijado, quiero tener su corazón;
porque, una vez fuera de Venecia, podré hacer todo el negocio que se me antoje. Anda, Tubal,
y ven a reunirte conmigo en nuestra sinagoga; anda, mi buen Tubal; a nuestra sinagoga, Tubal.
(Salen.)
Escena II
Belmont - Una sala en el castillo de PORCIA.
Entran BASSANIO, PORCIA, GRACIANO, NERISSA y las gentes del séquito.
PORCIA.- No os apresuréis, os lo suplico; esperad un día o dos antes de consultar la suerte,
pues si escogéis mal, pierdo vuestra compañía; así, pues, aguardad un poco. Hay algo que me
dice -¡oh, no es el amor!- que no quisiera perderos, y sabéis vos mismo que no es el odio el
que aconseja tal disposición de espíritu, sino el miedo de que no me comprendáis bien -y, sin
embargo, una joven no tiene otro lenguaje que su pensamiento-; querría reteneros aquí un
mes o dos antes de que os pusieseis por mi causa en manos de la fortuna. Podría enseñaros el
medio de escoger bien, pero entonces sería perjura, y no lo seré jamás. Por otra parte, podéis

perderme; y si eso ocurre, me haréis deplorar el no haber cometido el pecado de perjura.
Malditos sean vuestros ojos. Me han embrujado y partido en dos mitades. La una es vuestra; la
otra es a medias vuestra; mía, quiero decir; pero si es mía es vuestra, y de ese modo soy toda
de vos. ¡Oh, época malvada, que pone barreras entre los poseedores y sus derechos legítimos!

Página 33 de 65
 

Paginas:
Grupo de Paginas:       

Compartir:




Diccionario: