La hija del aire (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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tragedias, muertes, insultos,
ira, llanto y confusión.
TIRESIAS: ¿No te dije más?
SEMÍRAMIS: Que a un rey
glorioso le haría mi amor
tirano, y que al fin vendría
a darle la muerte yo.
TIRESIAS: Pues si eso sabes de ti,
y el fin que el hado antevió
a tu vida, ¿porqué quieres
buscarle?
SEMÍRAMIS: Porque es error
temerle; dudarle basta.
¿Qué importa que mi ambición
digan que ha de despeñarme
del lugar más superior,
si para vencerla a ella
tengo entendimiento yo?
Y si ya me mata el verme
de esta suerte, ¿no es mejor
que me mate la verdad,
que no la imaginación?
Sí; que es dos veces cobarde
el que por vivir murió;
pues no pudiera hacer más
el contrario más atroz,
que matarle; y eso mismo
hizo su mismo temor.
Y así, yo no he de volver
a esa lóbrega mansión;
que quiero morir del rayo,
y de sólo el trueno no.
TIRESIAS: Pues antes que te resuelvas
a tan temeraria acción
como darte a conocer,
sabré embarazarlo yo.

Cajas y música juntos


SEMÍRAMIS: ¿De qué suerte, si ya vuelven
a alentar mi presunción
esas voces?
TIRESIAS: De esta suerte.
¡Guardas del monte!

Salen SOLDADOS


UNO: Señor.
TIRESIAS: Pues vosotros sois a quien
este prodigio fió,
mi confïanza, sin que
el rostro viese a los dos,
esa fiera racional
reducid a su prisión
SEMÍRAMIS: Tened, no lleguéis, villanos;
que no quiere mi valor
darse a partido.

A TIRESIAS


Y así
para que no quedes hoy
vano de haberme vencido,
tengo de vencerme yo.

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