Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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-¿Quieres bailar?
-Es lo que generalmente se hace en un baile.
-Quería decir la primera pieza. ¿Puedo tener el honor? ...
-Puedo concedértela si dejo plantado al conde. Baila divinamente, pero me va a disculpar, tratándose de un viejo amigo como tú -respondió Amy, esperando que el título surtiese buen efecto y demostrase a Laurie que no se podía jugar con ella.
-Una monada de muchacho, pero un palo un poco corto para sostener a8
Una hija de los dioses
Divinamente alta y más divinamente rubia
8 Juego de palabras intraducible. El condecito es polaco, "pole" en inglés, que significa palo. Además, es bajo de estatura. De ahí la broma de Laurie. -fue sin embargo toda la satisfacción que pudo sacarle.
El grupo en que se encontraban era inglés en su mayoría y Amy se vio obligada a caminar con sumo decoro en un cotillón tan animado que la hacía sentirse con ganas de bailar con entusiasmo la tarantela. Laurie se la cedió a la "monada de muchacho" y fue a cumplir con su deber para con Florencia, sin cuidarse de asegurarse a Amy por las piezas siguientes, reprensible falta de precaución que fue debidamente castigada, pues ella comprometió inmediatamente todas las piezas hasta la cena, con intención de ablandarse si para entonces el muchacho daba alguna señal de arrepentimiento. Cuando con toda calma vino a reclamarla para la próxima, una gloriosa polca, Amy tuvo la modesta satisfacción de mostrarle su repleto carné de baile; pero las corteses lamentaciones de Laurie no la convencieron en lo más mínimo, y cuando se fue bailando un galop húngaro con el condecito vio que Laurie se sentaba junto a tía Carrol con -créase o no- ¡un suspiro de alivio!
Eso fue imperdonable y Amy se guardó muy bien de prestarle la más mínima atención durante un largo rato, a no ser por una que otra palabra cuando se acercaba entre pieza y pieza a su chaperone en busca de un alfiler o algún otro elemento necesario, o para gozar de un minuto de respiro. Su fastidio surtió efecto, sin embargo, pues ella lo disimuló con cara sonriente y aparentó estar inusitadamente alegre y dicharachera. Laurie la miraba actuar con placer, pues la chica bailaba bien, sin saltar alocadamente ni con demasiada calma, sino con animación y gracia, haciendo del delicioso pasatiempo lo que siempre debería ser.

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