La señal en el cielo (Agatha Christie) Libros Clásicos

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Ya ocurrió, me dije, y corrí escaleras abajo a reunirme con Cata y los demás que ya estaban en el hall, y apresuradamente nos dirigimos al salón de música. Allí estaba la señora, con la cabeza atravesada por un balazo. Y la sangre.... ¡Era espantoso! ¡Horrible! Yo reaccioné enseguida y fui a enterar a sir George de lo que había pasado; le hablé también de la mano blanca en el cielo, pero no le dio mucha importancia a esta parte de mi relato. Un día funesto, ya lo había presentido con todo mi ser desde la mañana temprano. ¡Viernes 13! ¿Qué otra cosa cabía esperar?
Siguió hablando. Mr. Satterthwaite la escuchaba pacientemente. Una y otra vez la hacía volver a la escena del crimen con preguntas precisas. Al final, no obstante, debió aceptar su derrota. Louise Bullard había relatado todo cuanto sabía, y su historia era tan simple como sincera.
Sin embargo, Satterthwaite alcanzó a descubrir un hecho de importancia. El puesto que Louise tenía ahora le había sido sugerido por Mr. Thompson, el secretario de sir George. El sueldo que le asignaban era tan ventajoso que la tentó, y aceptó el puesto pese a que le significaba abandonar Inglaterra precipitadamente. Un tal Mr. Denman se encargó de hacer todos los arreglos de su viaje y le había aconsejado que no escribiera a sus compañeros de Deering Hill, ya que esto podía acarrearle serias dificultades con las autoridades de inmigración, argumento que ella había aceptado con absoluta fe.
El monto de su salario, mencionado por ella accidentalmente, había asombrado sobremanera a Mr. Satterthwaite. Tras un momento de vacilación, optó por entrevistar a Mr. Denman.
Afortunadamente, encontró poca resistencia en conseguir que esta persona le refiriera todo lo que sabía. Conoció a Thompson en un viaje que había hecho a Londres y le quedó obligado por un gran servicio. Después el secretario de sir George le había escrito una carta, en septiembre, diciéndole que, por razones especiales, sir George tenía interés en sacar a aquella muchacha de Inglaterra y, en consecuencia, le preguntaba si habría alguna forma de conseguirle un puesto. Al mismo tiempo, le fue enviada una suma de dinero destinada a elevar el sueldo a una cantidad muy importante.
-Un caso de apuro muy usual -exclamó Mr. Denman, recostándose en su sillón-. Parece una chica muy callada.
Mr. Satterthwaite no estaba de acuerdo en que aquél fuera un caso de apuro usual.

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