A vuestro gusto (William Shakespeare) Libros Clásicos

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Así, por el afecto que os profeso, he venido a hace­ros saber esto para que le apartéis de su intento o para que soporte sin encono el daño a que él mismo se lanza, por cuanto es él quien lo busca y lo hace de todo punto contra mi voluntad. OLIVERIO. - Gracias, Carlos, por tu afecto hacia mí, que verás cuán benévolamente he de recompen­sar. Ya tenía yo noticia del intento de mi hermano y me he esforzado secretamente para disuadirle, pero él está resuelto. Te diré, Carlos, que es el mozo más testarudo que hay en Francia; lleno de ambición, émulo envidioso de cuanto sobresale en cada hom­bre, y oculto y villano conspirador contra mí, que soy su natural hermano. Así, pues, procede como quieras: tanto me importa que le rompas la crisma, como que le rompas un dedo; y mejor sería que cui­daras de hacerlo, porque si sólo le infieres un daño leve, o si él no alcanza a brillar grandemente a costa tuya, te suministrará un veneno, te atrapará en algún lazo traidor y te perseguirá hasta arrancarte la vida por cualquiera suerte de medios indirectos. Te ase­guro, y hablo así casi con lágrimas en los ojos, que no hay entre los vivos uno que sea a la vez tan joven y tan vil. Hablo solamente como hermano; pues si me pusiera a analizarlo a tus ojos, tal como es en sí, tendría yo que ruborizarme y llorar, y tú quedarías pálido y atónito. CARLOS. -Con todo mi corazón me alegro de ha-berme dirigido a vos. Si viene mañana, ya le daré su merecido; pues si vuelve a andar por sus pies, jamás volverá a luchar por premio. Y con esto guarde Dios a vuestra merced. (Sale.)
ESCENA II
Explanada delante del palacio del duque
(Entran ROSALINDA y CELIA)
CELIA. - Te suplico, mi dulce prima que estés ale­gre. ROSALINDA. - Más alegría demuestro, querida Celia, que la que hay en mí. ¿y queríais verme más alegre aún? A menos que me enseñéis a olvidar a un padre desterrado no debéis enseñarme ningún pla­cer extraordinario. CELIA. -En esto veo que no me amas con tanta consagración como yo a ti. Si mi tío, tu desterrado padre, hubiese desterrado a tu tío, el duque mi pa­dre, con tal de que hubieses permanecido a mi lado, yo habría podido enseñar a mi afecto a tomar a tu padre por mío; y así lo harías si la realidad de tu amor hacia mí fuera tan bien templada como la de mi amor por ti.

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