Trato de Argel (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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y me ha pedido que yo a ti te pida
no quieras desdeñarla así a la clar[a].
También no pasa menos triste vida
Yzuf, nuestro amo, que también me adora,
con fe que, a lo que creo, no es fingida.
AURELIO ¡Oh pobre moro!
SILVIA ¡Oh desdichada mora!
AURELIO ¡Cómo enviáis en vano al vano viento
vuestros vanos suspiros de hora en hora!
También me ha dicho Yzuf todo su inte[nto]
y me ha rogado que yo a vos os ruegue
algún alivio deis a su tormento.
Mas antes con airada furia llegue
una saeta que me pase el pecho,
y esta alma de las carnes se despegu[e],
que tan a costa mía su provecho
y tan en daño vuestro procurase,
aunque él quede de mí mal satisfe[cho].
SILVIA Si en este caso, Aurelio, nos bastase
mostrar a éstos voluntad trocada,
sin que el daño adelante más pasase,
tendríalo por cosa yo acertada,
porque deste fingir se granjearía
el no estorbarnos nuestra vista amada.
Dirás a Zahara que por causa mía
no te muestras tan áspero, y yo al moro
diré que mucho puede tu porfía;
y, guardando los dos este decoro
con discreción podremos fácilmente
aplacar con el vernos nuestro lloro.
AURELIO El parecer que has dado es excelente,
y haráse cual lo ordenas, y entre tan[to],
quizá se aplacará el hado inclemente.
Yo escribiré a mi padre en el quebranto
en que estamos los dos; tú, Silvia, puedes

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