Las aventuras de Tom Sawyer (Mark Twain) Libros Clásicos

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-Das tantas vueltas en la cama y hablas tanto mientras duermes, que me tienes despierto la mitad de la noche.
Tom palideció y bajó los ojos.
-Mala señal es ésa -dijo gravemente tía Polly-. ¿Qué traes en las mientes, Tom?
-Nada. Nada, que yo sepa... -pero la mano le temblaba de tal manera que vertió el café.
-¡Y hablas unas cosas! -continuó Sid-. Anoche decías: «¡Es sangre, es sangre!, ¡eso es!» Y lo dijiste la mar de veces. Y también decías: « ¡No me atormentéis así..., ya lo diré!» ¿Dirás qué? ¿Qué es lo que ibas a decir?
El mundo daba vueltas ante Tom. No es posible saber lo que hubiera pasado; pero, felizmente, en la cara de tía Polly se disipó la preocupación, y sin saberlo vino en ayuda de su sobrino.
-¡Chitón! -dijo-. Es ese crimen tan atroz. También yo sueño con él casi todas las noches. A veces sueño que soy yo la que lo cometió.
Mary dijo que a ella le pasaba lo mismo. Sid parecía satisfecho. Tom desapareció de la presencia de su tía con toda la rapidez que era posible sin hacerla sospechosa, y desde entonces, y durante una semana, se estuvo quejando de dolor de muelas, y por las noches se ataba las mandíbulas con un pañuelo. Nunca llegó a saber que Sid permanecía de noche en acecho, que solía soltarle el vendaje y que, apoyado en un codo, escuchaba largos ratos, y después volvía a colocarle el pañuelo en su sitio. Las angustias mentales de Tom se fueron desvaneciendo poco a poco, y el dolor de muelas se le hizo molesto y lo dejó de lado. Si llegó Sid, en efecto, a deducir algo de los murmullos incoherentes de Tom, se lo guardó para él. Le parecía a Tom que sus compañeros de escuela no iban a acabar nunca de celebrar «encuestas» con gatos muertos, manteniendo así vivas sus cuitas y preocupaciones. Sid observó que Tom no hacía nunca de coroner3 [L3]en ninguna de esas investigaciones, aunque era hábito suyo ponerse al frente de toda nueva empresa; también notó que nunca actuaba como testigo..., y eso era sospechoso; y tampoco echó en saco roto la circunstancia de que Tom mostraba una decidida aversión a esas encuestas y las huía siempre que le era posible. Sid se maravillaba, pero nada dijo. Sin embargo, hasta las encuestas pasaron de moda al fin, y cesaron de atormentar la cargada conciencia de Tom.

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