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LORD ILLINGWOKTH.-¡Querido muchacho!
GERALD.-Sabe más sobre la vida que cualquiera de los que yo he conocido. Me siento pequeño cuando estoy con usted, Lord Illingworth. Desde luego, ¡he tenido tan pocas oportunidades! No he estado en Eton ni en Oxford, como otros muchachos. Pero a Lord Illingworth eso no le importa. Ha sido muy bueno conmigo, mamá.
MISTRESS ARBUTHNOT.-Lord Illingworth puede cambiar de opinión. Puede realmente no necesitarte como secretario.
GERALD.-¡Mamá!
MISTRESS ARBUTHNOT.-Debes recordar, como tú mismo dijiste, que has tenido muy pocas oportunidades para formarte.
MISTRESS ALLONBY.-Lord Illingworth, quiero hablar con usted un momento.Venga aquí.
LORD ILLINGWORTH.-¿Me excusa usted, mistress Arbuthnot? No deje que su encantadora madre ponga más dificultades, Gerald. La cosa está convenida, ¿no?
GERALD.-Eso espero. (Lord Illingworth va hacia mistress Allonby)
MISTRESS ALLONBY.-Creí que no iba a dejar nunca a la dama del terciopelo negro.
LORD ILLINGWORTH.-Es muy bella. (Mira a mistress Arbuthnot.)
LADY HUNSTANTON.-Caroline, ¿vamos al salón de música? Miss Worsley va a tocar. Usted vendrá también, ¿verdad, querida mistress Arbuthnot? No sabe usted lo bien que lo pasará. (Al doctor Daubeny.) Realmente debo llevar a miss Worsley alguna tarde a la parroquia. Me gustaría mucho que la querida mistress Daubeny la oyera tocar el violín. ¡Ah! No me acordaba. La querida mistress Daubeny tiene un pequeño defecto en los oídos, ¿verdad?
EL ARCHIDIÁCONO.-Su sordera es una gran privación para ella. Ahora no puede oír mis sermones. Los lee en casa. Pero encuentra muchos recursos en sí misma, muchos recursos. ,
LADY HUNSTANTON.-¿Supongo que leerá mucho?
EL ARCHIDIÁCONO.-Sólo los libros con letra grande. Su vista se extingue rápidamente. Pero nunca se queja, nunca se queja.
GERALD.-(A Lord Illingworth.) Hable usted con mi madre antes de entra al salón de música, Lord Illingworth. Parece creer que usted no pensó lo que me dijo.
MISTRESS ALLONBY.-¿No entra usted?
LORD ILLINGWORTH.-Dentro de un instante. Lady Hunstanton, si mistress Arbuthnot me lo permite, quisiera hablar unas palabras con ella, y después me uniré a ustedes.
LADY HUNSTANTON.-¡Ah! Desde luego.Tendrá usted mucho que decirle. No a todos los hijos les hacen tal oferta, mistress Arbuthnot. Pero sé que usted lo apreciará, querida.
LADY CAROLINE.- ¡John!
LADY HUNSTANTON.-Pero no entretenga mucho a mistress Arbuthnot, Lord Illingworth. No podemos estar sin ella. (Sale seguida de los otros invitados. Suena un violín dentro, en el salón de música.)
LORD ILLINGWORTH.-¡Así que ése es nuestro hijo, Rachel! Bueno; estoy muy orgulloso de él.