Una mujer sin importancia (Oscar Wilde) Libros Clásicos

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Después los juzgan. Raramente, si es que ocurre alguna vez, los perdonan.
MISTRESS ARBUTHNOT.-George, no me quites a mi hijo. He pasado veinte años de dolor y sólo he tenido una persona que me amaba y a la que yo amaba. Tú has llevado una vida de alegrías, placeres y éxitos. Has sido completamente feliz; nunca has pensado en nosotros. No había razón, de acuerdo con tus puntos de vista sobre la vida, para que nos recordases. Nos encontraste por simple casualidad, por una horrible casualidad. Olvídalo. No vengas ahora a robarme... lo único que tengo en el mundo. Eres rico en otras cosas. Déjame la pequeña viña de mi vida; déjame el jardín vallado y el manantial de agua; el cordero que Dios me envió en su piedad o en su ira. ¡Oh! Déjame eso. George, no me arrebates a Gerald.
LORD ILLINGWORTH.-Rachel, ahora tú no eres necesaria para la carrera de Gerald. Yo sí. No hay nada más que decir sobre el tema.
MISTRESS ARBUTHNOT.-No lo dejaré ir.
LORD ILLINGWORTH.-Aquí está Gerald. Tiene derecho a decidir por sí mismo. (Entra Gerald.)
GERALD.-Bien, mamá, espero que ya lo habrás arreglado todo con Lord Illingworth.
MISTRESS ARBUTHNOT.-No, Gerald.
LORD ILLINGWORTH.-A su madre parece no gustarle que venga usted conmigo, por alguna razón.
GERALD.-¿Por qué, mamá?
MISTRESS ARBUTHNOT.-Creí que eras completamente feliz conmigo, Gerald. No sabía que estabas ansioso por dejarme.
GERALD.-Mamá, ¿cómo puedes decir eso? Naturalmente que he sido completamente feliz contigo. Pero un hombre no puede permanecer siempre con su madre. Ningún muchacho lo hace. Quiero crearme una posición, hacer algo. Pensé que estarías orgullosa de verme de secretario de Lord Illingworth.
MISTRESS ARBUTHNOT.-No creo que fueras el secretario adecuado para Lord Illingworth. No tienes facultades para eso.
LORD ILLINGWORTH.-No deseo que parezca que quiero entrometerme, mistress Arbuthnot, pero en lo que concierne a su última objeción, seguramente soy yo el mejor juez. Y puedo decir que su hijo tiene todas las facultades que yo necesito. Tiene más, en realidad, de las que había pensado. Muchas más. (Mistress Arburthnot permanece en silencio.) ¿Tiene alguna otra razón, mistress Arbuthnot, para no desear que su hijo acepte este puesto?
GERALD.-¿La tienes mamá? Contesta.
LORD ILLINGWORTH.-Si la tiene, mistress Arbuthnot, le ruego que la diga. Estamos solos aquí. Sea cual fuere la razón, no necesito decirle que no la contaré a nadie.
GERALD.-¿Mamá?
LORD ILLINGWORTH.-Si desea quedarse sola con su hijo, los dejo.

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