El doncel de don Enrique (Mariano Jose de Larra) Libros Clásicos

Página 295 de 298

Pero Brabonel furioso se arrojó sobre él, y haciendo presa en su garganta, destrozólo en minutos, al mismo tiempo que Hernando le animaba gritando-: ¡Pieza! ¡pieza! No era digno el infame de morir por mi mano. ¡Pieza!, ¡pieza!
Quedó Hernán Pérez mirando cruzado de brazos a la profunda sima, envidioso de que le hubiese robado la dicha de acabar con el doncel. Furioso como aquel que no había satisfecho toda su ira, lanzóse por el borde que había quedado en el rastrillo a uno y otro lado de la trampa hundida, bastante ancho todavía para andar por él una persona. Elvira, en tanto, miraba la sima con ojos vidriados, en que se veía la fijación del estupor y el extravío de la demencia. Habíase secado ya para siempre el manantial de sus lágrimas.
-¡Hele ahí! -le gritó Hernán Pérez señalando la zanja- ¡hele ahí!
-¡Es tarde, es tarde! -repuso Elvira dando una horrorosa carcajada.
-¡Bárbaro! -gritó el pajecillo echándose al paso de Hernán Pérez- ¡bárbaro! -y se dispuso a defender a su prima con un denuedo ajeno de su edad. En aquel momento pareció Elvira volver en sí para reconocer a su esposo, y sobrecogida de terror, huyó despidiendo del pecho agudos alaridos.
Precipitáronse los circunstantes sobre el hidalgo, no pudiendo éste llegar a Elvira.
-¡Maldición sobre ti y desprecio! -la gritó-; ¡y entre nosotros eterna separación!
Al mismo tiempo se oyeron por el castillo voces de:
-¡Arma!, ¡arma! ¡Santiago!
De allí a poco las murallas eran el teatro de un sangriento combate. Después de una hora de refriega y de muy entrada la noche, replegáronse por fin las gentes de Villena, acaudilladas por el hidalgo, que había peleado con desesperación, y el justicia mayor clavó el pendón real en una almena.
Hernando, que había tomado a su cargo dañar a los sitiados en compañia de Peransúrez para facilitar la entrada a las tropas reales y defender a la condesa, peleó como aquel que acababa de perder el único interés que le ligaba a la sociedad, y logró mantener ilesa a doña María hasta el momento de la victoria. Restituida aquélla al justicia mayor, no se volvió a ver a Hernando ni a su alano.

Página 295 de 298
 



Grupo de Paginas:               

Compartir:




Diccionario: