Reconquistar Plenty (Colin Greenland) Libros Clásicos

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La música flotaba a su alrededor mientras le buscaba y le acompañó hasta que logró encontrarle. Marco estaba inmóvil delante de una ventana y los fuegos artificiales estallaban a su espalda sin hacer ningún ruido. Tabitha fue hacia él y recorrió todo su cuerpo con los labios. Había una cama. Estaban en un dormitorio.
La mesita que había junto a la cama contenía una botella de algo. Ginebra, tequila, vino... En su estado actual Tabitha apenas era capaz de distinguir un licor de otro. Bebieron de la botella y Marco bebió de su boca.
Quitarle la camiseta fue un proceso muy largo y lleno de complicaciones, pero lo consiguieron.
Las luces de los fuegos artificiales iban y venían por la habitación inundándola con un resplandor estroboscópico. Las paredes estaban salpicadas de círculos metálicos que iban creciendo y encogiéndose con la lentitud del oleaje.
-Mañana te ocuparás de todo, ¿verdad? -preguntó Tabitha.
Aquel hombre maravilloso le estaba besando el ombligo y sus labios se iban deslizando hacia el comienzo de sus bragas. Marco empezó a besarle la ingle corl tanta suavidad que sus labios apenas rozaban la tela.
-Pues claro que me ocuparé de todo -dijo-. ¿Crees que puedo pasar por alto la oportunidad de alquilar la barcaza más hermosa de todo el sistema solar?
Le quitó las bragas con los dientes y Tabitha pensó que también debía dedicarse a la acrobacia.
Le acarició el perineo con la lengua. Los fuegos artificiales parecían estallar siguiendo el ritmo de la música, y su piel parecía derretirse y volver a formarse con intervalos de segundos. Tabitha ya no estaba muy segura de dónde terminaba él y dónde empezaba ella.
Tabitha Jute despertó y enseguida deseó no haberlo hecho. Descubrió que había estado durmiendo acostada sobre la espalda. Tenía la cabeza como si se la hubiesen golpeado con un saco de cemento o..., no, era como si se la hubieran robado y la hubieran sustituido por un saco de cemento. Sus fosas nasales se habían solidificado hasta convertirse en una masa sólida que le abultaba la piel entre los ojos.
-Kgn... -dijo con un hilo de voz.
Estaba en una cama desconocida en una habitación que no le era familiar, y a juzgar por la claridad el día ya había empezado. La masa gris de la persiana estaba ribeteada por líneas de luz anaranjada.

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