Las tres justicias en una (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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vos sois quien sois, y yo pienso
que estáis en obligación
de ampararle por vos mesmo,
según Violante me ha dicho,
de una deuda en que os ha puesto.
MENDO: Siempre, Blanca, he de serviros
por él y por vos a un tiempo;
que no juzgo que ignoráis
la obligación que yo os tengo.

Sale ELVIRA


ELVIRA: Ya, señora, está tu cuarto
aderezado y compuesto.
VIOLANTE: Perdonadme, Blanca, y dadme
licencia, porque deseo
descansar.
BLANCA: Si me la dais
vos a mí, os iré sirviendo.
LOPE PADRE: A mí, por viejo, me toca
la obligación de escudero.
VIOLANTE: Por dueño de casa yo
la aceptaré, si la acepto.
Quedad con Dios.
BLANCA: El os guarde.
VIOLANTE: (¡A batallar, pensamientos, Aparte
con esta víbora que,
dándome vida, me ha muerto!)
MENDO: Si esa licencia os permito,
es porque pagarla puedo,
acompañando yo a Blanca.

Vase don LOPE PADRE, llevando a doña VIOLANTE de la mano


(Antes que ella me hable, quiero Aparte
salir al paso a sus quejas.)
BLANCA: (¡Aquí de todo mi esfuerzo!) Aparte
¿Dónde vais?
MENDO: Sirviéndoos voy.
BLANCA: No, señor, quedaos.
MENDO: El cielo
sabe cuánto deseaba
esta ocasión.
BLANCA: ¿A qué efecto,
si vos no habéis de tener
conmigo segundo intento?
MENDO: A efecto de decir cuánto
hallaros con penas siento,
si bien podréis responderme
que no las extrañe, puesto
que con ellas os dejé.
BLANCA: Ni lo uno ni lo otro entiendo.
¿Vos a mí con penas? ¿Cuándo
o cómo, que no me acuerdo?
Ni pienso que os vi en mi vida.
MENDO: ¡Ay, Blanca!
BLANCA: Señor don Mendo,
plática no prosigáis
que ha empezado por afecto.
Si alguna memoria acaso
confusamente os ha hecho
equivocaros conmigo,
pues la sepulta el silencio,
el silencio la consuma;
y al cabo de tanto tiempo

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