El cordero de Isaias (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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DEMONIO ¡No más! ¡No más! ¡Que ese tiempo aun en sombras me estremece! Pero no me desconfía de que he de triunfar yo en este. 1440
DENTRO Para, para.
Dentro, ruido, y salen BEHOMUD, y CUIDADO.
BEHOMUD En la siempre verde esfera de aqueste florido prado, donde pienso que ha llamado a cortes la primavera, según que sus flores bellas, 1445 matizadas a colores, no contentas con ser flores, aspiran a ser estrellas; con la vanidad de estar mirándose en la corriente 1450 de la más hermosa fuente que el sol ha visto brindar a la sed de los mortales, la gracia, que en sí conserva, dando en búcaros de yerba 1455 el néctar de sus cristales, podemos pasar la siesta en la templada mansión de estos álamos que son guirnaldas de la floresta, 1460 ya que el sol no nos permite pasar por ahora adelante, mas no por eso un instante, Cuidado, el cargo te quite de serlo siempre; y así, 1465 adelantarte podrás, donde a Candaces dirás como que sale de ti dónde quedo, porque espero ir a ganar sus albricias, 1470 y de mis raras noticias hallarla ignorante quiero, que yo solo la he de dar, y así, de lo que ha pasado nada le digas, Cuidado, 1475 que hay qué hablar y hay qué callar.
CUIDADO De todo advertido voy; y así, solo la diré que en Gaza me adelanté. Vase.
BEHOMUD Dejadme todos: ya estoy 1480 solo a vista de Sabá, y en el monte donde oí las dos voces, tras quien fui perdido; y si no me da luz no sé qué inspiración, 1485 hasta ahoralo estuviera, según la intrincada esfera en que dio mi confusión. A Jerusalén llegué, donde Hebreo y Gentilismo 1490 me entraron en nuevo abismo, con que pendiente dejé el sacrificio; ahora quiero a mis solas discurrir qué he de callar u decir 1495 a Candaces del cordero.

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