La caja de cartón (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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¿No ha visto usted en el periódico un breve suelto que alude al extraordinario contenido de un paquete enviado por correo a la señorita Cushing, de Cross Street, en Croydon?
-No, no vi nada.
-¡Ah! Entonces se le debe haber pasado por alto. Tíremelo. Aquí está, debajo de la columna financiera. ¿Tendría la amabilidad de leerlo en voz alta?
Recogí el periódico que me había vuelto a lanzar y leí el suelto indicado. Se titulaba UN PAQUETE MACABRO».
La señorita Susan Cushing, que vive en Cross Street, Croydon, ha sido víctima de lo que debe ser considerado como una broma particularmente repugnante, a no ser que se le atribuya al incidente un significado más siniestro.
Ayer, a las dos en punto de la tarde, el cartero le entregó un paquetito, envuelto en papel de estraza. Dentro había una caja de cartón, llena de sal gruesa. Al vaciarla, la señorita Cushing encontró horrorizada dos orejas humanas, recién cortadas aparentemente. La caja había sido enviada desde Belfast la mañana anterior a través del servicio de paquetes postales. No hay ninguna indicación acerca del remitente, y el asunto resulta más misterioso todavía ya que la señorita Cushing, que es soltera y tiene cincuenta años, ha llevado una vida de lo más retirada, y tiene tan pocas amistades o corresponsales, que es un raro acontecimiento para ella el recibir algo por correo. Hace unos años, sin embargo, cuando residía en Penge, alquiló algunas habitaciones de su casa a tres jóvenes estudiantes de Medicina, de los cuales se vio obligada a deshacerse a causa de sus hábitos ruidosos y conducta irregular. La policía es de la opinión de que este ultraje a la señorita Cushing puede haber sido perpetrado por estos jóvenes, que le guardan rencor y esperaban asustarla enviándole estos restos mortales procedentes de las salas de disección.
Prestaba cierta verosimilitud a esta teoría el hecho de que uno de estos estudiantes procedía de Irlanda del Norte y, según tenía entendido la señorita Cushing, del propio Belfast. Mientras tanto, se está investigando el asunto diligentemente y se ha encargado el caso al señor Lestrade, uno de los más perspicaces detectives de la policía.
-Dejemos ya este asunto del Daily Chronicle -dijo Holmes cuando yo acabé de leer-. Hablemos ahora de nuestro amigo Lestrade. Esta mañana recibí una nota suya que dice:
Creo que este caso encaja muy bien en su especialidad.

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