El signo de los cuatro (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

Página 25 de 107

Le mauvais groût mène au crime, como dicen los franceses, que tienen una manera muy fina de decir estas cosas. Nuestras diferencias de opinión sobre el tema llegaron a tal extremo que juzgué conveniente buscarme una casa propia, así que me marché del Pabellón Pondicherry, llevándome conmigo al viejo khitmutgar y a Williams. Pero ayer mismo me enteré de que había ocurrido un acontecimiento de la máxima importancia. Se ha descubierto el tesoro. Al instante, Me puse en contacto con la señorita Morstan, y ahora sólo nos queda ir a Norwood y reclamar nuestra parte. Anoche le expuse mis opiniones a mi hermano Bartholomew, así que seremos visitantes esperados, aunque no bienvenidos.
El señor Thaddeus Sholto dejó de hablar y siguió temblequeando, sentado en su lujoso canapé. Todos quedamos callados, pensando en el nuevo giro que había adoptado aquel misterioso asunto. Holmes fue el primero en ponerse en pie.
-Caballero, ha obrado usted bien de principio a fin -dijo-. Es posible que podamos corresponderle en cierta medida, arrojando algo de luz sobre lo que todavía está oscuro para usted. Pero, como dijo hace poco la señorita Morstan, se hace tarde y lo mejor será que resolvamos el asunto sin más dilación.
Nuestro nuevo conocido enrolló muy parsimoniosamente el tubo de su hookah y sacó de detrás de una cortina un abrigo muy largo, abrochado con alamares y con cuello y puños de astracán. Se lo abotonó hasta arriba, a pesar de que la noche era bastante sofocante, y completó su atuendo encasquetándose un gorro de piel de conejo con orejeras, de manera que no quedó visible parte alguna de su cuerpo, excepto su cara gesticulante y puntiaguda.
-Tengo la salud algo frágil -comentó mientras abría la marcha por el pasillo-. Me veo obligado a vivir como un achacoso.
El coche nos aguardaba fuera y era evidente que nuestro programa estaba organizado de antemano, porque el cochero arrancó inmediatamente a paso rápido. Thaddeus Sholto hablaba sin parar, con una voz que destacaba muy por encima del traqueteo de las ruedas.
-Bartholomew es un tipo listo -dijo-. ¿Cómo creen que averiguó dónde estaba el tesoro? Había llegado a la conclusión de que tenía que estar en alguna parte de la casa, así que calculó todo el espacio cúbico de la casa y tomó medidas por todas partes, de manera que no quedara por comprobar ni una pulgada.

Página 25 de 107
 

Paginas:
Grupo de Paginas:         

Compartir:




Diccionario: