Una guirnalda de flores (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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-¿Quién es esa muchacha? -preguntó uno de los caballeros, escasos por cierto, que había en la sala.
La señora de la casa narróle, en pocas palabras, la historia de Jessie, y quedó sorprendida al oírle exclamar con tono satisfecho.
-Me alegro de que sea pobre. Quiero su cabeza y ahora tengo una oportunidad de obtenerla.
-Mi querido señor Vane, ¿qué quiere decir? -preguntó riendo la dama.
-Vine para estudiar rostros juveniles. Necesito uno para un cuadro, y el de esa muchacha con la guirnalda de las hojas rojas es encantador. Presénteme a ella, por favor.
-Inútil; puede pedir su mano, si le parece oportuno, pero no su cabeza. Es muy orgullosa, y estoy segura de que no va a consentir en posar de modelo.
-Creo que hallaré algún medio, si tiene usted la amabilidad de presentarme.
-Muy bien. Los niños ahora van a cenar, y la señorita Delano va a descansar. Puede hacerle esa proposición, si se atreve.
Instantes más tarde, mientras Jessie permanecía de .pie, viendo cómo los niños se alejaban, vio ante ella a un caballero .de estatura elevada, que le rogaba qué podía traerle con el mismo interés que si se tratase de la dama más encopetada del salón. Jessie, naturalmente, pidió helado, y se retiró a un rincón para descansar sus fatigados pies, prefiriendo el salón desierto al comedor lleno de ruido, no del todo segura de que aquél era su lugar.
El señor Vane trajo una bandeja repleta de las golosinas que más agrada a las niñas, y acercando una mesita, comenzó a comer y a charlar, de un modo tan natural, que Jessie perdió en seguida toda su timidez. Sabía que se trataba de un artista famoso, y deseaba hablarle de Laura, que admiraba tanto sus pinturas y habría gozado tanto con aquella entrevista. El caballero no era muy joven ni muy apuesto, pero tenía un rostro y unos modales amables y encantadores. A los diez minutos, Jessie hablaba amigablemente con él, sin darse cuenta de que el artista la estaba estudiando en un espejo. Naturalmente, hablaron de los niños, y después de celebrar el baile, el señor Vane añadió como al descuido:
-He tratado de encontrar un rostro entre ellos, para un cuadro que estoy pintando; pero son demasiado pequeños, y tengo que buscar en otro lugar para mi ninfa del bosque.

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