Una guirnalda de flores (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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-Desearía que me enseñaras, pues se que voy a quedar en ridículo en la kermesse. Has oído hablar acerca de ello, ¿verdad? Es una pena que no puedas tomar parte en ella, pues va a ser muy divertida y lujosa. Voy a bailar un ballet húngaro, que es uno de los peores; pero el traje es encantador, y me lo pondré. Mamá es la presidenta. Por tanto, haré lo que desee, aunque sé que las chicas no me quieren y los muchachos se ríen de mí. ¡Fíjate a ver si éste no es el paso más extraño que has visto!
Fanny comenzó valientemente a hacer unas figuras que habrían sido graciosas de no haberse tratado de una joven tan voluminosa, sin más elasticidad que un colchón de plumas. Jessie no tuvo más remedio que reír cuando Fanny terminó su exhibición cayendo al suelo, donde comenzó a friccionarse los codos en una actitud de desesperación.
-¡Conozco ese baile! Es la czarda, y puedo enseñarte cómo se baila. Ponte de pie y prueba conmigo -dijo con benevolencia, corriendo a ayudar a ponerse de pie a su amiga, y alegre de tener por una vez una compañera de su tamaño.
Comenzaron a bailar, pero a poco se detuvieron; pues Fanny no podía seguirle el paso, y Jessie la arrastraba en vano.
-Baila sola, y veré cómo es eso, y la próxima vez lo haré mejor -jadeó la pobre muchacha, dejándose caer sobre el sofá de terciopelo que había a lo largo del muro-. "Mademoiselle" había llegado y las había estado contemplando un momento. Comprendió inmediatamente lo que era necesario, y como la señora Fletcher era una de sus mejores clientas, quiso agradar a la hija mayor; por tanto, se dirigió al piano y tocó una czarda, mientras Jessie, con un brazo en la cadera y el otro en el hombro de un invisible compañero, recorrió la sala con paso marcial, ligero y gracioso, al compás de la música que le hacía estremecer. La joven hizo diversas figuras, llevada por la música que tanto amaba.
Fanny batió palmas con admiración, y "Mademoiselle" gritó:
-Trés bien, ma cherie!
Jessie se detuvo, jadeante y con las mejillas sonrosadas, con una mano sobre el corazón y la otra en la sien a modo de saludo.
-¡Tengo que aprender ese baile! Ven a mi casa a darme lecciones. Vine a buscar a Maud y ahora tengo que irme.

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