Los Muchachos de Jo (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

Página 38 de 145


Las chicas se echaron a reír, y las mejillas de Josie se tiñeron de carmín al darse cuenta de que se había colgado del cuello de aquel hombrazo. Las dos chicas formaban un bonito contraste; una era blanquísima y de cabellera rubia; la otra, algo morena, pero de tez sonrosada; y Dan las contemplaba con sorpresa, demostrando la satisfacción que sentía con repetidas inclinaciones de cabeza; porque en sus largos viajes había visto muchas jóvenes huesudas, y no había esperado hallar a sus antiguas amiguitas tan desarrolladas y hermosas.
-¡Aquí, aquí! ¿Tenéis vosotras solas el monopolio de Dan? -preguntó tía Jo -. Traedlo para aquí y lo contemplaremos todos; si no, se escabullirá y se marchará a dar otra vueltecita de dos o tres años, y lo habremos visto a medias.
Conducido por estos agradables apresadores, volvió Dan a la sala para recibir el regaño de Josie, que le decía le explicara por qué había crecido tanto, que Emil era mayor que él y parecía un niño, y él era, el más hombre de todos los muchachos.
-Parece que tienes ya más de treinta años, y estás más negro que uno de esos esclavos que vemos en algunas funciones de teatro. ¡Ah, tengo una idea soberbia! Tú representarás admirablemente el papel de Arbaces en "Los últimos días de Pompeya". Tenemos el león y los gladiadores, y nos hacía falta un hombre de tu color para el papel del egipcio; estarás admirablemente con el turbante blanco. ¿No es verdad, tía Jo?
Este diluvio de palabras obligó a Dan a taparse las orejas con las dos manos; y, antes que la señora Bhaer pudiese contestar a su impetuosa sobrina, llegaron los Laurence, acompañados de Meg y familia, seguidos de cerca de Tom y Nan, y todos se sentaron, deseosos de oír contar a Dan sus aventuras, las que refirió con pocas palabras, pero que hicieron su efecto y entusiasmaron al auditorio. Todos los muchachos se querían marchar, a la vez, a California; las muchachas estaban ya impacientes por ver lo que de aquellas tierras les traía para ellas; y los mayores disfrutaban de corazón al ver la energía y perspectiva de aquel muchacho suyo medio salvaje. -Por supuesto, pensarás marcharte otra vez por ahí para ver si das otro golpe afortunado, y confío en que lo darás. Pero las especulaciones son un juego peligroso, y podrías perder en un momento todo lo que has ganado -dijo el señor Laurie, que había disfrutado también mucho al oír aquellas emociones fuertes de las aventuras del muchacho, y hubiera querido de buena gana haberlas corrido junto con él.

Página 38 de 145
 

Paginas:
Grupo de Paginas:         

Compartir:



Diccionario: