Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

Página 52 de 229

Fue inútil que la señora de Chester es refiriera a "su encantadora novela" y que las señoritas de Chester introdujeran temas variados, como fiestas, picnics, la ópera y las modas... Todos y cada uno fueron contestados con una sonrisa, un saludito y un tímido "sí" o "no" con un poco de hielo de yapa. Fue en vano que Amy le telegrafiase: "Habla", y que tratase de sonsacarle; le administrase golpecitos disimulados con el pie. Ahí se quedaba Jo, como si todo aquello no ocurriese, y su comportamiento fue como el rostro de Maud "heladamente correcto, espléndidamente paralizado".
-¡Qué persona altanera y poca interesante es la mayor de las March! -fue el veredicto desgraciadamente audible de una de las señoras de la casa al cerrarse la puerta tras las visitas. Jo se rió en silencio al atravesar el "hall", pero Amy estaba muy mortificada con el fracaso de sus instrucciones y, naturalmente, le echó la culpa a Jo.
-¿Cómo pudiste entenderme tan mal? Sólo quería que actuases con compostura y dignidad y no que te quedaras ´tiesa como un palo. Trata de ser sociable en lo de Lamb, chismorrea como las demás chicas y toma interés en las modas, los flirts o cualquier otra cosa que se hable por tonta que te parezca. Son gente que actúa en la mejor sociedad y nos puede ser muy valiosa su amistad. Por nada querría dejar allí una mala impresión.
-Me mostraré agradable, chismorrearé y echaré risitas y me horrorizaré o extasiaré como hacen ellas a propósito de cualquier tontería. Eso me gusta, la tendré a May Chester de modelo. Verás si no dicen:
"¡Qué muchacha simpática y animada es Jo March!"
Amy estaba inquieta, sin embargo, y tenía razón, pues cuando Jo se ponía juguetona no se sabía a dónde iría a parar. Había que ver el rostro de Amy al deslizarse su hermana en la sala de los Lamb, besar con efusión a todas las chicas, sonreír afablemente a los caballeros y tomar parte en la charla con gran espíritu. De Amy se posesionó la señora de Lamb, pues le tenía especial preferencia, y la chica se vio obligada a escuchar el largo relato sobre el último ataque de Lucrecia mientras tres encantadores jóvenes la rondaban, esperando el momento de ir a salvarla. En tal situación le fue imposible frenar a Jo, que parecía poseída del espíritu de travesura y hablaba con tanta volubilidad como la dueña de casa.

Página 52 de 229
 


Grupo de Paginas:             

Compartir:




Diccionario: