Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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¿Te acuerdas que los llamaba "mis pajaritos" el verano pasado y que mamá decía que le hacían acordar a mí? Nunca se alejan de la costa y siempre gorjean su cancioncita alegre. Tú, en cambio, eres la gaviota, salvajemente fuerte, amante de la tormenta y del viento, volando mar adentro y feliz, aun sola. Meg es como la torcaz y Amy la alondra, de las que nos escribe, tratando de volar hasta las nubes y siempre volviendo a caer en su propio nido. ¡Pobre querida!... ¡Tan ambiciosa!... Tengo esperanzas de volverla a ver, pero... ¡está tan lejos!...
-Llegara esta primavera, y me propongo que para entonces tú estés mejor, y te prepares a recibirla y disfrutar con ella de su relato. ¡Verás cómo habrás recuperado los colores para entonces!... -respondió Jo, pensando que de todos los cambios que observaba en Beth últimamente el más notable era el de la conversación, pues la chica parecía ahora hablar sin mayor esfuerzo y hasta pensaba en voz alta, lo cual era completamente desusado en ella, siempre tan tímida.
-Querida Jo, no debes esperar ya nada porque no te ha de servir.
Jo se inclinó a besar la carita serena, y con ese beso tranquilo selló su dedicación a Beth en cuerpo y alma.
Jo tuvo razón. No hubo necesidad de palabras cuando regresaron a casa, pues papá y mamá vieron con toda claridad aquello que habían rezado tanto por no ver. Cansada del corto viaje, Beth fue directamente a la cama, alegrándose, según dijo, de estar en casa,, y cuando Jo bajó a reunirse con sus padres vio que le sería ahorrada la tarea de decirles cuál era el secreto de Beth: el padre apoyaba la cabeza en la chimenea y no se dio vuelta al entrar Jo, pero la madre extendió los brazos como pidiendo ayuda a su hija, que fue inmediatamente a consolarla sin palabras.

XIV
IMPRESIONES NUEVAS

A las tres de la tarde todo el mundo elegante de Niza se da cita en la famosa Promenad des Anglais7, paseo encantador, con su arichísima vereda bordeada de palmeras, flores y arbustos tropicales, con el mar por un lado y calzada por medio los hoteles y residencias particulares más suntuosos. Y al fondo, huertos de naranjos y verdes colinas. Muchas naciones están allí representadas, se oye hablar muchos idiomas, se ven muchos trajes típicos y en un día de sol el espectáculo de todo eso resulta tan alegre y colorido como un carnaval.

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