Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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Para Ana será un. descanso y Juan recobrará a su mujer. Tienes que salir más para mantenerte alegre, ya que siempre debes ser portadora de alegría a la familia, y no la habrá si tú estás triste. Además, querida, trata ,de interesarte por cualquier cosa que concierna a John... conversa con él... deja que él te lea... intercambien ideas... no cometas el error de encerrarte en un estuche porque seas mujer sino que debes interesarte por todo lo que pasa y educarte para tomar parte en la obra del mundo, pues todo cuanto sucede os afecta a ti y a los tuyos.
-¡Juan es tan inteligente!... Tengo miedo de que me crea estúpida si le hago preguntas sobre política y esas cosas...
-No lo creo... El amor cubre montones de faltas, y ¿a quién podrías preguntar nada con mayor libertad que a él? Prueba, y ¡verás si no encuentra Juan tu compañía más agradable que las cenas de la señora de Scott!...
-Voy a ensayar tu método, madre. ¡Pobre Juan! Creo que tienes razón, que lo he desatendido mucho, pero yo creí estar procediendo bien y él nunca protestó ni me dijo la menor cosa...
-Trataba de no ser egoísta, por eso se callaba, pero me imagino que el pobre se ha de haber sentido abandonado... Ésta es precisamente la época en que los casados están más propensos a apartarse, cuando deben estar más unidos que nunca, pues la primera ternura pasa pronto a menos que se tome especial cuidado en conservarla, y ninguna época es más preciosa para los padres que los primeros años de esas pequeñas vidas que les son dadas a formar. No dejes que Juan sea un extraño para los chicos porque ellos serán quienes contribuyan a conservarlo seguro y feliz en este mundo de tentaciones y conflictos. Ahora te dejo, querida. Piensa en toda la prédica de tu madre, actúa de acuerdo con ella si te parece buena y ¡Dios os bendiga a todos!
Meg reflexionó sobre todo aquello, lo encontró razonable y obró de acuerdo, aunque la primera tentativa no resultó exactamente como ella la había previsto. Los chicos la tiranizaban, y gobernaron la casa desde el momento que descubrieron que pateando y chillando conseguían cuanto querían; mamita era una perfecta esclava de sus caprichos, pero papá no se sometía con tanta facilidad y ocasionalmente afligía a su ternísima esposa con tentativas de ejercer disciplinas paternales con su turbulento hijo.

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