La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) Libros Clásicos

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considerando que a pocos golpes tales el cruel ciego ahorraría de
mí, quise yo ahorrar de él; mas no lo hice tan presto por hacerlo
mas a mi salvo y provecho. Aunque yo quisiera asentar mi corazón
y perdonarle el jarrazo, no daba lugar al maltratamiento que el
mal ciego dende allí adelante me hacía, que sin causa ni razón me
hería, dándome coscorrones y repelándome.
Y si alguno le decía por qué me trataba tan mal, luego
contaba el cuento del jarro, diciendo:
"¿Pensaréis que este mi mozo es algún inocente? Pues oíd si
el demonio ensayara otra tal hazaña."
Santiguándose los que lo oían, decian:
"¡Mira quién pensara de un muchacho tan pequeño tal
ruindad!".
Y reían mucho el artificio, y decíanle:
"Castigaldo, castigaldo, que de Dios lo habréis."
Y el con aquello nunca otra cosa hacia. Y en esto yo
siempre le llevaba por los peores caminos, y adrede, por le
hacer mal y daño: si había piedras, por ellas, si lodo, por lo
más alto. Que aunque yo no iba por lo más enjuto, holgábame a mi
de quebrar un ojo por quebrar dos al que ninguno tenía. Con esto
siempre con el cabo alto del tiento me atentaba el colodrillo,
el cual siempre traía lleno de tolondrones y pelado de sus
manos. Y aunque yo juraba no lo hacer con malicia, sino por no
hallar mejor camino, no me aprovechaba ni me creía más: tal era
el sentido y el grandísimo entendimiento del traidor.
Y porque vea vuestra merced a cuánto se estendía el ingenio
de ste astuto ciego, contaré un caso de muchos que con él me
acaecieron, en el cual me parece dio bien a entender su gran

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