Jane Eyre (Charlotte Bronte) Libros Clásicos

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¡Y se atrevieron a hacerlo!
Helen hablaba en aquellos momentos como para sí, olvidando que yo no podía comprenderla, ya que ignoraba, o poco menos, todo lo que se refería a aquel asunto.
Insistí en el tema primitivo.
-¿También te olvidas de la lección cuando te enseña Miss Temple?
-Casi nunca, porque Miss Temple tiene un modo muy particular de expresarse, dice cosas más interesantes que mis pensamientos y como lo que enseña y su conversación me gustan mucho, no puedo por menos de atenderla.
-¿Así que eres buena con Miss Temple?
-Sí: me dejo llevar por ella sin poner nada de mi parte, de modo que en ser buena no hay ningún mérito. -Sí lo hay. Eres buena con los que son buenos contigo. También a mí me parece ser buena así. Si todos obedeciéramos y fuéramos amables con los que son crueles e injustos, ellos no nos temerían nunca y serían más malos cada vez. Cuando nos pegan sin razón debemos devolver el golpe, para enseñar a los que lo hacen que no deben repetirlo.
-Ya cambiarás de opinión cuando seas mayor. Ahora eres demasiado pequeña para comprenderlo.
-No, Helen; yo creo que no debo tratar bien a los que se empeñan en tratarme mal y me parece que debo defenderme de los que me castigan sin razón. Eso es tan natural como querer a las que me demuestran cariño o aceptar los castigos que merezco.
-Los paganos y los salvajes profesan esa doctrina, pero las personas civilizadas y cristianas, no.
-¿Cómo que no? No te comprendo.
-La violencia no es el mejor medio de vencer el odio, y la venganza no remedia las ofensas. -¿Entonces qué hay que hacer?
-Lee el Nuevo Testamento y aprende lo que Cristo nos enseñó y cómo procedía, y procura imitarle. -¿Qué enseñaba Cristo?
-Que hay que amar a nuestros enemigos, bendecir a los que nos maldicen y desear el bien de los que nos odian.
-Entonces yo debo amar a mi tía y bendecir a su hijo John y eso me es imposible.
Helen me preguntó entonces que a qué me refería y me apresuré a explicárselo todo, contándoselo a mi manera, sin reservas ni paliativos, sino tal como lo recordaba y lo sentía.
Helen me escuchó con paciencia hasta el final. Yo esperaba que me diese su opinión, pero no comentó nada. -Bueno -dije-. ¿Qué te parece? ¿No es cierto que mi tía es una mujer malvada y que tiene un corazón muy duro?

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