A vuestro gusto (William Shakespeare) Libros Clásicos

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(Sale. Entran Corino y Piedra-de-Toque.) CORINO.-¿Y cómo os place esta vida de pastor, señor Piedra-de- toque? PIEDRA.-A la verdad, pastor, que considerada en sí misma es una vida buena, pero como vida de pastor no vale nada. Me gusta bastante porque es Solitaria; pero siendo tan retraída, es una vida muy desprecia­ble. Agrádame también por lo que tiene de campes­tre, Pero me fastidia el que no sea en la corte. Y no-tad que cuadra bien a mi temperamento, porque es una vida económica; pero como no ofrece mucha abundancia, mi estómago no se aviene con ella. Pastor: ¿tienes algo de filósofo? CORINO. -No más que lo suficiente para com­prender que cuanto más enfermo está uno, peor se siente; que faltan tres buenos amigos a quien no tie-ne dinero, medios y satisfacción; que la lluvia moja y el fuego quema; que el buen pasto engorda al reba­ño; y que entra por mucho el que no haya sol para que sea de noche; y que quien no adquirió ingenio por la naturaleza o por el arte, puede quejarse o de su educación o de su mala estirpe. PIEDRA. -Un hombre así es un filósofo natural. ¿Has estado alguna vez en la corte, pastor? CORINO. -No, por cierto. PIEDRA. -Pues entonces estás condenado. CORINO. -Espero que no. PIEDRA. -Condenado, en verdad. Te tostarán por un lado como huevo mal frito. CORINO. -¿Por no haber estado en la corte? ¿Y por qué? PIEDRA. -Es claro. No habiendo estado en la corte nunca has visto buenos modales; y no habiendo visto buenos modales, los tuyos tienen que ser muy malos; y lo malo es un pecado y el pecado se con-dena. En mal trance te veo, pastor. CORINO. -Nada de eso, Piedra-de-toque. Tan ridí­culos son en el campo los buenos modales de la corte, como risibles en la corte las maneras del campo. Me habéis dicho que en la corte no saludáis, sino que besáis las manos. Tal cortesía no fuera de­cente, si los cortesanos fuesen pastores. PIEDRA. -Un ejemplo, pronto; vamos, un ejemplo. CORINO. -Continuamente manoseamos nuestras ovejas, y sabéis que sus vellones son grasientos. PIEDRA. -¡Pues qué! ¿No sudan las manos de los cortesanos? ¿Y no es tan saludable la grasa de un carnero corno el sudor de un hombre? La razón que alegas es fútil. Dame un ejemplo mejor. Vamos a ello. CORINO. -Además nuestras manos son ásperas. PIEDRA. -Así las sentirán más pronto vuestros la-bios.

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