Poker: Stud Poker (poker descubierto) Guía del Juego para los Amantes del Casino

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El «five card stud» (stud de cinco cartas), simplemente llamado stud, es la segunda forma de poker clásico. Difiere radicalmente del draw poker (poker de descarte) en que a excepción de la primera, que se entrega boca abajo, todas las otras cartas se reparten, una por una, boca arriba. Ello significa que en cualquier momento del juego, cada jugador puede comprobar cuál de los otros tiene aparentemente la mejor jugada. Por otra parte, mientras en el draw sólo se dan dos tandas de apuestas, en el stud se dan cuatro.


El stud de cinco cartas: secuencia de reparto y apuestas

Después de que el jugador correspondiente haya repartido a cada uno de los otros una carta boca abajo (la carta oculta) y una boca arriba, inicia la tanda de apuestas el jugador cuya carta descubierta sea más alta (no el situado inmediatamente a la izquierda del que reparte como en el draw). Si dos jugadores coinciden en tener la carta más alta, tiene preferencia aquel al que se le repartió primero. Todos los jugadores que continúen en el juego tras la tanda inicial de apuestas, reciben una segunda carta boca arriba; a continuación, se lleva a cabo una nueva tanda. El mismo proceso se repite, hasta completar el reparto de cinco cartas con sus tandas de apuestas correspondientes. No se permite hacer cambio de cartas.

Otra diferencia crucial del stud con respecto al draw reside en que debido a que en cada tanda apuesta en primer lugar el jugador que tenga la jugada más alta a la vista, la posición de los jugadores cambia a medida que se va completando el reparto. Puede ocurrir, por ejemplo, que hable un jugador con un rey en la primera tanda, que en la segunda lo haga otro que haya recibido un as y que en la siguiente lo haga un tercero que posea una pareja baja.

Las tandas adicionales de apuestas hacen del stud un juego más elevado que el draw, pues al ser evidente en todo momento quién dispone de mejores posibilidades de ganar, los jugadores tienden a abandonar sus jugadas con mayor rapidez. Si un jugador tiene cartas altas, no puede ocultarlo; la cuestión final es la identidad de su carta tapada. En una partida de stud de cinco cartas cada jugador sabe que la clave del éxito reside en empezar con una mejor jugada, o como mínimo menos desfavorable, que cualquier otra a la vista en la mesa. Si, por ejemplo, usted tiene un rey como carta tapada, y algún jugador un rey descubierto, debe saber que le resultará difícil conseguir otro rey; mientras que si alguien tiene un as, usted posee la segunda mejor jugada. Incluso si usted tiene una pareja de reyes «cubierto-descubierto» (K) K, no puede estar seguro de que su adversario no tenga (A) A.

Hay diferentes opiniones respecto a cuál es la jugada óptima para empezar en el stud. En general, se puede jugar con un as tapado y cualquier carta descubierta (si el as está descubierto, la jugada es mucho más débil), con cualquier combinación de dos cartas altas, K-Q-J ó 10, o con cualquier parte alta. Una pareja baja puede ser tentadora, pero hay que considerar que puede ser fácilmente superada. Por ello, ante una demostración clara de fuerza en la mesa, lo más aconsejable es abandonar, a menos que se pueda apostar por poco dinero, a la espera de reunir un trío con la carta siguiente.

La posición es tan importante en el stud como en el draw. Si los jugadores que apuesten después de usted tienen mejores cartas (incluso aunque haya emparejado su cara oculta), puede verse presionado por acusadas elevaciones de la apuesta (véase «Puesto en un aprieto»). Ahora bien, mientras ocupe el último lugar, podrá escurrirse y entrar en juego por poco dinero con una pareja baja, o con una jugada tan deficiente como 10-9-8. Si la siguiente carta que le venga es un as, aun sintiendo debilidad, podrá apostar fuerte, aunque una carta que ligue con su escalera solamente le ofrezca un buen motivo de comentarios.

Es esencial conocer el modo de calcular las probabilidades de mejorar la jugada, ya que puede hacerse con total precisión. Si, por ejemplo, usted tiene K(Q), hay tres reyes y tres damas que pueden hacerle mejorar (al margen de los ases). Reste el número total de cartas conocidas de las que hayan salido (en una partida con siete jugadores serían seis más dos propias) del total del mazo: 52-8=44. De ellas, 6 (tres reyes y tres damas) le sirven, mientras no estén ya sobre la mesa y las otras 38 no. Por tanto, las probabilidades de mejorar la jugada con la carta siguiente son 6 contra 38 de no hacerlo; si las posibles ganancias se obtuvieran en proporción superior a 6 a 1 y usted cree que va a ganar con los reyes o las damas, el «saber convencional» aconsejaría que apostase.

Y digo saber convencional porque, cuando se llega a la última carta, este tipo de juego no es beneficioso si el adversario ya tiene una pareja, aunque sea baja. Supongamos que en una dura pugna a dúo, usted llega al reparto de la cuarta carta con (K)10-J-8 y está convencido que su adversario, cuyas cartas son (?)Q-7-6, tiene pareja de damas. Ciertamente, usted podría mejorar y ganarle tomando otro rey; pero su rival no necesita mejorar para ganar, pues ya está ganando. De las 44 cartas que quedan en el mazo (usted ha visto la jugada de su adversario), 41 no le sirven para mejorar. Y aunque usted consiguiera uno de los tres reyes, su adversario podría también mejorar tanto con una dama, como con un 7 ó un 6. En consecuencia, cuenta usted con ¡16 contra 1 probabilidades en su contra!

Ello demuestra con suficiente claridad porqué es tan importante empezar en el stud con la mejor jugada posible. ¿Cómo sabe usted que la carta tapada del otro jugador es una dama? La respuesta la hallará observando el modo en que su rival apuesta durante la partida. ¿Habría apostado sin tener una pareja? Incluso si sólo tuviera un as, estaría en mejores condiciones que usted. Si apuesta con fuerza, lo lógico es que usted le crea. Supongamos, sin embargo, que usted sigue en liza y toma su rey, mientras que él toma un nueve. Ahora usted tiene una jugada «segura». Esta es una situación muy frecuente en el stud, que comportaría que usted no pudiera ser vencido, tuvieran lo que tuvieran su rival o rivales.

Stud de cinco cartas: probabilidades en una partida con siete
jugadores
Cartas descubiertas que liganProbabilidades
Probabilidades de emparejar la carta tapada con una de las tres
últimas cartas:
0
1
2
1 contra 4
1 contra 6½
1 contra 14
Probabilidades de formar un trío con una de las tres cartas
siguientes (empezando con una pareja)
0
1
1 contra 6½
1 contra 14

El stud de cinco cartas es un juego para jugadores valerosos que gusten del farol: si su jugada aparece ante la mesa como la mejor o usted cree que realmente lo es, debe apostar sucesivamente por ella. El no hacerlo sería entendido como un signo de debilidad por sus adversarios y significaría dejarles el paso libre. Por lo general, se hace necesario decidir entre continuar en el juego o abandonarlo en la tercera carta. Y, por consiguiente, aquel jugador que haga una apuesta fuerte en la cuarta carta, muy probablemente no tendrá que lamentarse de ello al final de la partida.

El stud de cinco cartas ha experimentado una notable decadencia en los últimos años. Tanto los jugadores profesionales como los expertos lo consideran demasiado mecánico: se debe entrar en juego disponiendo de un reducido abanico de buenas jugadas, y en todo momento es evidente la de cada cual. Además, los casinos no tienen acceso en este juego a la misma rentabilidad que en otros. Por todo ello, el hold'em está muy en boga actualmente y es el primer juego del «salvaje oeste». Con todo, el stud de cinco cartas constituye un gran desafío al temple y habilidad y puede ser jugado únicamente por dos jugadores.

«Puesto en un aprieto»
Al jugar la última carta, A apuesta y B sube. ¿Qué haría usted siendo C? Debería sospechar que B está marcándose un farol porque de otro modo ningún jugador inteligente jugaría con (9)8 contra cartas más altas. El que cualquiera de los nueves hubiera salido en las jugadas de los adversarios ya retirados, sería una evidencia adicional. Pero si usted igualase, le proporcionaría a A una magnífica oportunidad de volver a subir. Lo más adecuado, incluso si estuviera jugando al poker con apuestas limitadas, sería abandonar.

En un juego de apuestas reguladas, la situación tendría un cariz diferente. En la cuarta carta podría tantear a sus adversarios efectuando la máxima apuesta posible. Si éstos abandonasen sus beneficios serían moderados; pero si igualaran su apuesta, aumentarían sus probabilidades de vencerle, lo cual, a la larga, le resultaría un hábito caro.


Un «aprieto» en stud poker

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