Los dos hidalgos de Verona (William Shakespeare) Libros Clásicos

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Mandaré en seguida a mi hijo a la corte del emperador.
     PANTINO. -Precisamente mañana don Alfonso y otros varios caballeros distinguidos marchan a saludar al emperador y a ponerse a sus órdenes.
     ANTONIO. -Excelente compañía. Proteo marchará con ellos. Y en buena hora llega. Voy a hablarle del asunto. (Entra PROTEO.)
     PROTEO. -¡Encantador amor! ¡Encantadoras líneas! ¡Encantadora vida! Aquí está su carta, mensajera de su corazón. Aquí me jura amor eterno y me empeña su palabra. ¡Oh, Julia celestial!
     ANTONIO. -¿Qué hay? ¿Qué carta estás leyendo?
     PROTEO. -Con permiso de vuestra señoría. Son unas palabras de recomendación que me envía Valentín para un amigo que me ha visitado en su nombre.
     ANTONIO. -Déjame esa cara, a ver qué nuevas contiene.
     PROTEO. -Nuevas, ninguna, padre; sólo dice Valentín que es dichoso; que todos le quieren y que cada vez le distingue más, el emperador. Y añade que marche a su lado y disfrute con él de su prosperidad.
     ANTONIO. -Y ¿cómo acoges tú esa prueba de afecto?
     PROTEO. -Como un anhelo cuya realización depende más de vuestra señoría que de las aspiraciones de un amigo.
     ANTONIO. -Pues mi voluntad está completamente de acuerdo con su deseo. Si me preguntas por qué procedo tan de repente, te diré que porque así me parece bien, y nada más. He resuelto que permanezcas algún tiempo con Valentín en la corte del emperador Te señalaré la misma pensión que él recibe de su familia. De modo que prepárate a partir mañana temprano, y nada de excusas, pues estoy decidido.
     PROTEO. -Pero Señor, ¿en tan pocas hora cómo me voy a preparar? Dadme de término uno o dos días, os lo ruego.
     ANTONIO. -Mira, las cosas que necesitas te las enviaremos después. Nada de prórroga; debes salir mañana. Acompáñame, Pantino. Prepárale todo para la marcha. (Salen ANTONIO y PANINO.)
     PROTEO. -¡Es decir, que huía del fuego, por no abrasarme, y he caído en el mar, donde me ahogo ¡Temiendo amor, no quise enseñar a mi padre la carta de Julia, y de los mismos motivos de mi pretexto sacó él los medios más contrarios a mi amor.¡Oh! ¡Qué parecida es esta pasión naciente a la belleza insegura de un día de abril! ¡Deja de pronto ver el sol en toda su gloria y al instante una nube lo cubre todo! (Vuelve a entrar PANTINO.)
     PANTINO. -Señor Proteo, vuestro padre os llama. Está impaciente. Os ruego tengáis la bondad de venir.

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