El cura de Tours (Honore de Balzac) Libros Clásicos

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Y, sin embargo, estas nonadas componían toda su existencia, su cara existencia llena de ocupaciones en el vacío y de vacío en las ocupaciones; vida opaca y gris, en que los sentimientos demasiado fuertes eran desgracias, en que la ausencia total de emociones era una felicidad. El paraíso del pobre presbítero se transformé, pues, súbitamente en el infierno. Al fin, sus sufrimientos llegaron a ser intolerables. El terror que le causaba la perspectiva de una explicación con la señorita Gamard aumentó de día en día, y la secreta desventura que laceraba las horas de su vejez alteró su salud. Una mañana, al ponerse sus medias azules, notó que la circunferencia de sus pantorrillas había menguado en ocho líneas. Estupefacto ante este síntoma, tan cruelmente irrecusable, resolvió hacer una tentativa cerca del abate Troubert para rogarle que interviniese oficialmente entre la señorita Gamard y él.
     Al hallarse en presencia del imponente canónigo, que, para recibirle en una habitación desmantelada, dejó rápidamente el gabinete lleno de papeles en que trabajaba sin cesar, y donde no entraba nadie, el vicario casi tuvo vergüenza de hablar de las impertinencias de la señorita Gamard a un hombre que parecía tan seriamente ocupado. Mas luego de haber sufrido todas las angustias de esas deliberaciones interiores que las personas humildes, indecisas o débiles experimentan aun en las cosas sin importancia, se decidió, no sin extraordinarias palpitaciones de corazón, a explicar su situación al abate Troubert. El canónigo escuchó con un talante grave y frío, intentando, pero en vano, reprimir ciertas sonrisas que acaso hubieran revelado a ojos inteligentes las emociones de un contento íntimo. Una llamarada pareció escaparse de sus párpados cuando Birotteau le pintó, con la elocuencia que dan los sentimientos verdaderos, las constantes amarguras que devoraba; pero Troubert se puso la mano sobre los ojos, con un ademán bastante común en los pensadores, y conservó su actitud digna habitual.

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