Las aventuras de Tom Sawyer (Mark Twain) Libros Clásicos

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Pero basta de esto, porque las verdades acerca de nosotros mismos dejan siempre, mal sabor de boca, y volvamos a los exámenes. La primera composición leída fue una que tenía por título «¿Es eso, pues, la vida?» Quizá el lector pueda soportar un trozo:

En la senda de la vida, ¡con qué ardientes ilusiones la fantasía juvenil saborea de antimano los goces de las fiestas y mundanos placeres! La ardorosa imaginación se afana en pintar cuadros de color de rosa. Con los ojos de la fantasía, frívola esclava de la moda se ve a sí misma en medio de la deslumbrante concurrencia, siendo el centro de todas las miradas. Ve su figura grácil, envuelta, en níveas vestiduras, girando, entre las parejas del bade, ávidas de placeres: su paso es el más ligero; su faz, la más hermosa. El tiempo transcurre veloz en tan deliciosas fantasías, y llega la ansiada hora de penetrar en el olímpico mundo de sus ardientes ensueños. Todo aparece como un cuento de hadas ante sus hechizados ojos, y cada nueva escena le parece más bella. Pero en breve plazo descubre que bajo esa seductora apariencia todo es vanidad; la adulación, que antes encantaba su mente, ahora hiere sus oídos; el salon de baile ha perdido su pérfido encanto; y enferma y con el corazón destrozado, huye convencida de que los placeres terrenales no pueden satisfacer los anhelos del alma.

Y así seguía y seguía por el mismo camino. De cuando en cuando, durante la lectura, se alzaba un rumor de aprobación, acompañado de cuchicheos como «¡Qué encanto!» «¡Qué elocuente!» «¡Qué verdad dice!»; y cuando, al fin, terminó con un sermon singularmente aflictivo, los aplausos fueron entusiastas.
Después se levantó una muchacha enjuta y melancólica, con la interesante palidez nacida de pildoras y malas digestiones, y leyó un «Poema».
Con dos estrofas bastará:

UNA DONCELLA DE MISURI
SE DESPIDE DE ALABAMA

¡Adios, bella Alabama! ¡Qué amor mi pecho siente
Hoy que, por breve plazo, te voy a abandonar!
¡Qué tristes pensamientos se agolpan en mi frente
Y qué recuerdos hacen mi llanto desbordar!
Porque he vagado a solas bajo tus enramadas,
al borde de tus ríos me he sentado a leer,
Y he escuchado, entre fiores, mumurar tus cascadas
Cuando Aurora tendía sus rayos por doquier
Pero no avergonzada de mi dolor te dejo,

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