Una mujer sin importancia (Oscar Wilde) Libros Clásicos

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-¿Respetarle? ¡Lo desprecio! Es un infame.
HESTER.-Gracias por salvarme anoche de él.
GERALD.-¡Ah! Eso no es nada. Moriría por salvarla a usted. ¡Pero no me dice lo que ahora debo hacer!
HESTER.-¿No le he dado las gracias por su ayuda?
GERALD.-Pero ¿qué debo hacer?
HESTER.-Pregúntele a su corazón, no al mío. Nunca he tenido una madre que proteger o afligir.
MISTRESS ARBUTHNOT.-Es cruel..., cruel. Déjeme que me vaya.
GERALD.-(Se abalanza hacía su madre y se pone de rodillas junto a ella.) Mamá, perdóname. He estado ciego.
MISTRESS ARBUTHNOT.-No me beses las manos; están frías. Mi corazón también lo está; algo se ha roto en él.
HESTER.-¡Ah! No diga eso. Los corazones reviven al ser heridos. El placer puede convertir un corazón en piedra, la riqueza puede endurecerlo; pero el dolor... ¡Oh! El dolor no puede romperlo. Además, ¿qué dolor tiene usted ahora? En este momento él la quiere más que nunca, la quiere como antes... ¡Oh! ¡La ha querido a usted siempre! Sea buena con él.
GERALD.-Eres mi madre y mi padre en la misma persona. No necesito un segundo padre. Era por ti por quien hablaba, sólo por ti. ¡Oh! Di algo, mamá. ¿He encontrado un amor para perder otro? Dímelo. ¡Oh! Mamá, eres cruel. (Se levante y se arroja llorando en el sofá.)
MISTRESS ARBUTHNOT.-(A Hester.) Pero ¿ha encontrado realmente otro amor?
HEsTER.-Usted sabe que lo he amado siempre.
MISTRESS ARBUTHNOT.-Pero nosotros somos muy pobres.
HESTER.-¿Quién es pobre cuando es amado? ¡Oh! Nadie. Odio mis riquezas. Son una carga. Déjele compartirlas conmigo.
MISTRESS ARBUTHNOT.-Pero estamos deshonrados. Nuestro lugar está entre los parias. Gerald no tiene nombre. El pecado de los padres ha caído sobre el hijo. Es la ley de Dios.
HESTER.-Yo estaba equivocada. La ley de Dios es sólo el amor.
MISTRESS ARBUTHNOT.-(Se levanta y coge a Hester de la mano. Va lentamente hasta donde está Gerald en el sofá, con el rostro entre las manos. Le toca y él la mira.) Gerald, no puedo darte un padre, pero te he traído una esposa.
GERALD.-Mamá, no soy digno de ella ni de ti.
MISTRESS ARBUTHNOT.-Ella viene a ti porque eres digno. Y cuando estés lejos, Gerald..., con... ella... ¡Oh! Acuérdate de mí. No me olvides.Y cuando reces, reza por mí. Hay que rezar cuando se es feliz, y tú serás feliz, Gerald.
HESTER.-¡Oh! ¿No pensará dejarnos?
GERALD.

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