El doncel de don Enrique (Mariano Jose de Larra) Libros Clásicos

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-Solo desde que levantaste la caza... porque antes la amabas como yo amo el monte.
-Como quieras; no por eso dejará de ser verdad que en el día la aborrezco. La muerte es la que me espera en la Corte; una estrella fija que la acompaña siempre y que luce en medio de ella como Venus entre los demás planetas, deslumbra mis débiles ojos... La afición que desgraciadamente me ha tomado el Rey no hubiera permitido que yo me separase con ningún pretexto de esa Corte, donde he de encontrar mi perdición, a no haberle alegado su mismo tío el de Villena, a quien nada puede negar, la falta que de mi tenía. Supe que el conde necesitaba un emisario en Calatrava, fingí adaptar mi carácter al suyo, y aceptó mis servicios. Y he pretendido que esta venida se mantuviese oculta a todo el mundo, y así he exigido de don Enrique, porque si el Rey supiera mi estancia en su propio palacio, no me sería tan fácil volver al lugar apartado donde la distancia de la causa de mis penas me pone a cubierto de los peligros que su inmediación me prepara.
-Confieso, señor, que no entiendo tu manera de cazar. ¡Voto va! Cuando yo sé que hay venado en el monte, en vez de salirme de él, cada vez me interno más en la maleza, y o perezco en la demanda, o salgo con la res.
-Bien, Hernando; pero el venado de los montes donde cazas es tuyo y de todo el que tiene perros para levantarle.
-¿Tiene, pues, dueño el venado que has visto? Te asiste entonces sobrada razón. Nunca he metido mis sabuesos en monte ajeno ni vedado. A quien Dios se le dio, San Pedro se le bendiga. Pero en justa compensación, ¡ay del que hiciera resonar una bocina en monte de mi señor! Mi fiel Brabonel, que duerme ahora descansadamente, y la punta de mi venablo, le enseñarían la salida y le sabrían obligar a tañer de sencilla.
-Hernando, calla, calla por Dios y por Brabonel.
No sabía el tosco montero, poco cortesano, cuán adentro había entrado en el corazón de su señor su última alegoría, más despedazadora que el agudo acero de su mismo venablo.

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