El doncel de don Enrique (Mariano Jose de Larra) Libros Clásicos

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Una carcajada de Ferrus al concluir estas palabras probó que todavía no había perdido la costumbre, que se había hecho en él naturaleza, de decir bufonadas a todo trance, a pesar de su nueva dignidad.
De allí a poco entraron humildemente en el salón dos reverendísimos padres, cuyos hábitos derramaban a hilos el agua, como un paraguas expuesto por gran rato a la lluvia y que se arrima a un rincón a medio cerrar.
Saludáronles cortésmente nuestros dos amigos; y después de los primeros cumplimientos les invitaron a que se acercasen para secar sus hábitos al hogar, donde quedaron mirándose unos a otros largo espacio los dos opuestos alcaides y los dos bien avenidos frailes.
CAPITULO TRIGESIMOQUINTO
Mentides, frailes, mentides,
Que no decís la verdad.
...........................
Mató el fraile al caballero,
A la infanta va a librar:
En ancas de su caballo
Consigo la fue a llevar.
Rom. del conde Claros.
Al entrar los dos modestos frailes en la sala, no había dejado de llamarles la atención el agradable pasatiempo en que entretenían sus ratos perdidos el antiguo y nuevo alcaide. Habíanse mirado uno a otro como inspirados de la misma idea, y este movimiento hubiera sido notado de los defensores del castillo, a no ser que, no habiendo creído éstos que tendrían va visitas con quien guardar ceremonia, habían menudeado en realidad del tinto más de lo que a su prudencia convenía. Su misma posición les había excitado a beber, y aun hay cronistas que aseguran que deseosos uno y otro de no tener compañero en el mando, y demasiado confiado cada cual en su propia resistencia, se habían animado recíprocamente a beber por ver si conseguían privar al colega; plan que, merced a la igualdad de sus fuerzas, había resultado en detrimento de la razón de entrambos.
-¡Por San Francisco! Perdonen vuestras reverencias -dijo Ferrus- si les han hecho esperar a la intemperie más de lo que ese hábito que visten merece. Pero sepan que a él sólo deben esta acogida, porque el castillo a que han llamado no es en realidad de los más hospitalarios que pudieran haber encontrado en su camino.

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