Reconquistar Plenty (Colin Greenland) Libros Clásicos

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Me levantaba, iba hasta la ventana de mi dormitorio y allí estaba ella pulsando las cuerdas de su guitarra y cantando canciones sobre lugares que nunca había visto y que probablemente no vería jamás..., ríos, montañas e islas bañadas por el sol. A veces me levantaba y bajaba para sentarme junto a ella. Alzaba la cabeza para ver la Luna brillando al otro lado del cristal, pensaba que a! menos había logrado salir de allí y volvía a bajar la cabeza para contemplar los campos de judías gordas y lustrosas que brillaban bajo la luz de la luna. Siempre pensé que parecían pollas.
OH. Y ESA IMPRESION SUYA... ¿CREE QUE HABRIA PODIDO SER COMPARTIDA POR OTRAS PERSONAS?
Si eran chicas de dieciséis años, desde luego. Cuando tenía dieciséis años había montones de cosas que se parecían o que me recordaban a las pollas. Sí, Alice, fui una jovencita muy cachonda... Cavar con la azada y ocuparme de las alfombrillas de irrigación no era un trabajo demasiado fascinante, ¿sabes? Y, naturalmente, empecé a buscar alguna distracción.
Integridad 2 es un sitio horrible. El sistema está tan lleno de porquería que acaba abriéndose paso hasta ti aunque te rodees con barreras hechas de la gasa más fina que puedas encontrar. Hacer algo al respecto habría sido demasiado complicado, y el Consejo prefiere pagar un subsidio a los granjeros para que filtren el agua. Tía Muriel compraba la gasa más barata que había en el mercado y se gastaba el resto del subsidio en vino tinto. Recuerdo que una vez tuve una pelea terrible con ella... Ya habíamos discutido varias veces, pero en esa ocasión le dije que por qué no iba conmigo a los campos y limpiaba algunas de esas malditas alfombrillas de irrigación, y tía Muriel se limitó a darse unas palmaditas en la barriga y a decirme que estaba demasiado vieja para agacharse. Y después se echó a reír...
El método de trabajar la tierra patentado por tía Muriel te hace doblar la cintura montones de veces. Me pasaba el día entero en los campos metida hasta las rodillas en esos apestosos gránulos rojos, y de vez en cuando me incorporaba para aliviar un poquito el dolor de mi espalda, miraba hacia arriba y veía revolotear a los Mosquitos.
Había una base de Mosquitos cerca, en pleno Final. A veces veía como sus cometas sobrevolaban los campos que había encima de los nuestros, bajando y bajando sin cesar hasta que se volvían tan diminutas que dejabas de verlas mucho antes de que hubieran llegado a las copas de los árboles.

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