Cuesta abajo (Leopoldo Alas Clarín) Libros Clásicos

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Se abría la parte superior, y parecía aquello un balcón. La casa del Pombal, toda blanca, con las maderas y hierros de verjas y bal-cones todo verde, estaba como empotrada en la espesura del monte que por detrás del edificio seguíase viendo, cargado de árboles cuyas copas formaban sobre el terradillo y los tejados de pizarra toldos, pabe­llones y hasta mosquiteros si así quiero figurarme aquella frescura gá­rrula y movible, que vertía la sombra como un rocío, y cantaba, pulsa­da por el viento, un poema de alegría con su contraste puro entre el cielo azul y las paredes blancas. Mi madre, al llegar a lo alto del Caste­lete, sudaba, encendido el rostro, y me sonreía como para darme áni­mos. Se detuvo, apoyó una mano en la cadera, respiró con fuerza, y con trabajo, y entre aliento y aliento, dijo:
-Ya falta poco.
Contempló la huerta, que estaba debajo de la casa, en la falda del cerro, y el jardín, que se extendía por ambos lados del edificio.
-No se ve a nadie. Estarán dentro.
Mi madre, aunque disimulaba, no las tenía todas consigo. Esti­maba a la tía como una gran señora, muy buena y muy bien educada, pero... ¿y si estaba resentida? ¿Si le haría pagar tantos años de olvido con un poco de frialdad, poca que fuera? En fin, bajamos del Castelete por el otro lado de la cuesta, llegamos a las tapias de la huerta, que bordeamos, siempre subiendo, y tras nueva fatiga de mi madre, la úl­tima, nos vimos en la puerta de la quintana, pues lo era la cortijana del Pombal, aunque cerrada y con ciertos adornos y circunferencias que solía haber en las quintanas comunes de la aldea. La puerta, que era de grandes tablas de roble, estaba entreabierta, pero no nos atrevimos a entrar sin previo aviso, y mi madre buscó en vano campanas o aldabo­nes; y entonces se aventuró a decir con voz fuerte:
-¡Deo gracias!...
-¡Guau! ¡Guau! -contestó un perro, un mastín de color canela, que nos salió al encuentro. Retrocedimos un poco, porque yo... valga la verdad, he variado mucho de ideas y preocupaciones en materias reli­giosas, políticas, filosóficas, etc.

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