El castillo de lindabridis (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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Vamos a otro caso, Amor.
LINDABRIDIS: Aquí se quedó. Mirad
esas puertas.

Vanse SIRENE, ARMINDA y las otras damas


Gracias doy
a mi dicha, oh Claridiano,
de haberme dado ocasión
para hablarte.
CLARIDIANA: ¡Ay enemiga!
La primera que ofendió
amando eres tú.
LINDABRIDIS: ¿Qué es esto,
mi bien, mi dueño y señor?
CLARIDIANA: ¿Qué ha de ser? Morir de celos.
¿Qué ha de ser? Morir de amor.
LINDABRIDIS: ¿Qué tienes?
CLARIDIANA: ¿Qué he de tener?
¿No es bastante ver--¡ay Dios!--
a Febo contigo?
LINDABRIDIS: Dime,
¿pudiera pensarlo yo?
CLARIDIANA: Sí pudieras.
LINDABRIDIS: ¿Cómo?
CLARIDIANA: ¿Cómo?
No haciendo a Febo favor.
LINDABRIDIS: Yo, Claridiano, por vida...
--tuya, iba a decir, mas no
me atrevo--que no hice tal;
porque él fue el que pretendió
aquel lugar junto a mí.
CLARIDIANA: ¿Él mismo?
LINDABRIDIS: Él mismo.
CLARIDIANA: (¡Ay traidor!) Aparte
¿Y, habiéndome conocido?
LINDABRIDIS: Él fue el que solicitó
hablarme.
CLARIDIANA: Calla.
LINDABRIDIS: ¿Por qué?
¿No es satisfacerte?
CLARIDIANA: No,
no es sino darme la muerte.
LINDABRIDIS: ¿Qué dices?
CLARIDIANA: No sé.
LINDABRIDIS: Ni yo
sé de cuál tienes los celos,
de él o de mí.
CLARIDIANA: De los dos;
porque, aunque un bárbaro dijo
que él tuviera por error
"sufrir que otro esté mirando
lo que esté queriendo yo",
no siento tanto el que te ame
como el perderte mi amor.
LINDABRIDIS: Sí; pero sientes que él dé
la causa.
CLARIDIANA: Oye la razón.
Si tú me dieras la causa,
dejara de amarte yo;
porque amor sobre un agravio
es desaire del valor;
pues yo sufriera un desdén,
un enojo y un rigor,
mas no un agravio; que agravios
tocan a la estimación.
Y así, si él te busca a ti,
no es causa bastante, no,
para olvidarte, y lo es
para sentir mi pasión;
luego si, amándote él,

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