La hija del aire (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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quien castigue esa soberbia.
MENÓN: ¿Sin vos?
IRENE: Sí.
MENÓN: ¿Pues puede haber
quien sin vos a mí me ofenda?

Sale ARSIDAS


ARSIDAS: Yo, Menón, vengo buscándoos,
por ser vos a quien apelan
mis fortunas del piadoso
tribunal de Irene bella.
MENÓN: En mala ocasión venís;
después podréis dar la vuelta.
IRENE: Haced lo que el Rey os manda,
que no viene sino en buena.
MENÓN: Yo lo haré. Venid conmigo
IRENE: Ved que es mía esta encomienda.
MENÓN: (¡Cuánto hay en una hermosura Aparte
de quererla o no quererla!)

Vase MENÓN


IRENE: (¡Ah vil! ¡Ah traidor! ¡Qué mal Aparte
me pagas lo que me cuestas!)

Vase IRENE


ARSIDAS: ¿Qué es esto, cielos? Mas no
es tiempo de que me atreva
ni aun a pensarlo; porque
el que se toma licencia
para quejarse sin tiempo
pierde el respeto a la queja,
y es el tenerla desdicha,
sin mérito de tenerla.

Vase ARSIDAS, y salen FLORO y SIRENE


FLORO ¿Eso pasó mientras yo
al monte salí un momento?
SIRENE: Sí, Floro del alma mía;
y así, buscándote vengo
para decirte que, aunque
él, con enojo o con ruego,
que te vayas diga, no
te vayas.
FLORO: Ya te obedezco.
SIRENE: Por eso te doy los brazos.

Sale CHATO



CHATO: ¡Que siempre llego a mal tiempo!
FLORO: Tropezó, y llegué a tenerla.
CHATO: Claro está que en el tropiezo
suyo había de estar.
SIRENE: Yo...
CHATO: No os disculpéis; yo me huelgo
que os abrace; porque si
cuando vino hizo lo mesmo,
en señal de que se va.
Dadle otro abrazo en el precio.
FLORO: Antes, llegué a preguntarla

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