Las armas de la hermosura (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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HOMBRE 1o.: A tanta solemnidad
desde ahora será bien
25 que todos en parabién
brindemos.
HOMBRE 2o.: A que su edad
viva eterna.
HOMBRE 3o.: Y su beldad
en fecunda sucesión
a Roma ilustre.
PASQUÍN: Éstos son
30 convidados que me placen,
que a un tiempo la razón hacen acompañan el brindis
y deshacen la razón. se embrutecen bebiendo?
MÚSICOS: No puede amor
hacer mi dicha mayor,
35 ni mi deseo
pasar del bien que poseo.
MUJER 1a.: Todas, ya que la fortuna
trocó el pesar en placer,
esa salva hemos de hacer.
40 LIBIA: ¿Cómo se podrá ninguna
excusar, si cada una,
de cuantas hoy Roma encierra,
feliz el susto destierra
de aquel pasado temor? i.e. de su rapto en las guerra con los
45 MUJ. Y MÚS.: Y no puede amor sabinos
hacer su dicha...
VOCES (dentro): ¡Arma, guerra!

Cajas y trompetas dentro, y alborótanse todos

HOMBRE: ¡Qué asombro!
MUJER: ¡Qué confusión! [romance]
CORIOLANO: ¿Qué novedad será ésta,
que dentro de Roma forman
50 voces, cajas y trompetas?
TODOS: ¿Quién causa este estruendo?

Salen AURELIO y ENIO de soldado

AURELIO: Yo.
CORIOLANO: ¿Tú, señor?
AURELIO: Sí.
CORIOLANO: Pues ¿qué intentas?
AURELIO: Despertar tu torpe olvido, (aquí) vicioso
porque, al ver que en mi hijo empieza
55 la reprehensión, sepan todos
que, anticipada la queja,
antes que a mí su pregunta,
llegó a ellos mi respuesta.
Quitad, romped, arrojad
60 aparadores y mesas,
nocivos faustos de Flora
y Baco, cuando es bien sean
pompas de Marte y Belona.

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