Las armas de la hermosura (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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ver qué valen mis instancias.
CORIOLANO: Pues, hasta mañana, adiós.
ENIO: Pues adiós, hasta mañana.

Vanse. Múdase el teatro en sala de tribunal, con sitial y
dosel, y salen AURELIO y un RELATOR, viejo venerable

AURELIO: ¿Está todo prevenido? [
1800 RELATOR: Sí, señor; y acompañado
de la nobleza ha llegado
Lelio ya.
AURELIO: (Pierdo el sentido
al ver que la posesión
he de dar contra mi hijo
1805 a quien tan claro colijo
ser justa su indignación.
Pero ¿qué puedo yo hacer,
cuando corre tan deshecha desfavorable
la suerte que a mi sospecha
1810 es fácil de convencer?
Con que no hay razón que impida
ser su juez, cuando advierto
que, si él es hijo del muerto,
yo padre del homicida.
1815 Y es tan grande del Senado
la autoridad y el honor
que el que eligió a Senador
no puede ser recusado;
dando a entender que ha de ser
1820 tan recto en la ejecución
que interés, sangre o pasión provecho propio
no ha de poderle vencer.
Ya llega; forzoso es
que, a costa del ansia mía,

1825 obre ahora la cortesía
y la fortuna después.

Sale LELIO vestido de luto, y gente de acompañamiento

AURELIO: Vos seáis muy bien venido,
señor, a suplir la ausencia,
con vuestra heroica presencia,
1830 del que hemos todos perdido.
Y digo todos, porqué
padre de la patria era,
cuya desdicha, si fuera si pudiera haber algún consuelo
capaz de tenerse, en fe
1835 de ser vos quien la suplís,
sólo afianzara el consuelo.

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