A secreto agravio, secreta venganza (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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campaña y monte altivo,
más estimada de don Lope vivo;
perdí, Sirena, el miedo
que a mi propio respeto le tenía;
pues si escaparme puedo
de lance tan forzoso, la osadía
ya sin freno me alienta;
que peligro pasado no escarmienta.
A aquesto se ha llegado
ver a don Lope más amante ahora;
porque desengañado,
si algo temió, su desengaño adora,
y en amor le convierte.
¡Oh cuántos han amado desta suerte!
¡Oh cuántos han querido,
recibiendo por gracias los agravios!
Deste error no han podido
librarse los más doctos, los más sabios;
que la mujer más cuerda,
de haber amado, amada no se acuerda.
Cuando don Luis me amaba,
pareció que a don Luis aborrecía;
cuando sin culpa estaba,
pareció que temía;
y ya (¡qué loco extremo!)
ni amo querida, ni culpada temo;
antes amo olvidada y ofendida,
antes me atrevo, cuando estoy culpada,
y pues para mi vida
hoy sigue al rey don Lope en la jornada,
escribo que don Luis a verme venga,
y tenga fin mi amor, porque él le tenga.

Escena XIV
DONJUAN. -DICHAS.
DON JUAN. (Ap.) ¡No sé cómo el corazón
tan grandes rigores sufre,
sin que se rinda a los golpes
de una y otra pesadumbre!
DOÑA LEONOR. Señor don Juan, pues ¿no viene
con vos don Lope?
DON JUAN. No pude
esperarle, aunque él me dijo
que antes que en el mar sepulte
el sol sus rayos, vendrá.
DOÑA LEONOR. ¿Cómo puede, si ya cubren
al mundo pálidas sombras,
y al cielo lóbregas nubes?
DON JUAN. A mí me tuvo violento
un gran disgusto que tuve,
y esperar no puede a nadie

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