La Nueva Revelación. El Espiritismo (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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No obstante, me quedé tan impresionado, que tomé nota de mi sueño, y, queriendo darle el valor de un documento, lo hice firmar por dos testigos, mi mujer y mi secretario, después de haberlo fechado. Ahora bien, seis meses después toda la línea italiana fue quebrada y, tras haberse replegado sobre varias posiciones inmediatas, se detuvo en este río, que ya era considerado por todos los críticos militares como un punto estratégico de extraordinaria importancia. Más adelante, la alusión a este nombre ha sido plenamente justificada, lo que me hace suponer que algún amigo del Más Allá quiso anunciarme acontecimientos futuros.
Muchas personas, invocando lo grotesco, la monstruosidad y la inconveniencia de nuestros sueños y, por lo tanto, la imposibilidad de que tengan un origen elevado, se indignan contra la teoría de que gracias a ellos nos ponemos en contacto con los Espíritus de los difuntos. A este respecto yo tengo un enfoque distinto de este problema, que acaso merezca ser discutido. Opino que hay dos clases de sueños: los motivados por la acción de los Espíritus y las manifestaciones confusas de las funciones orgánicas de nuestro cuerpo, cuando el Espíritu está ausente del mismo. Los sueños de la primera clase son raros y sublimes; pero no los recordamos. Los de la segunda clase son ordinarios y variados, y a menudo fantásticos y groseros. Teniendo en cuenta lo que afecta a nuestros sueños ordinarios, podemos comprender que nuestras facultades psíquicas son ajenas a ellos y, por consiguiente, está ausente nuestro Espíritu, quien se halla de visita en el mundo de los Espíritus. Es así como observamos que la alegría se halla proscrita, de nuestros sueños, puesto que vemos cosas que más tarde nos sorprenden por su ridiculez y que en el momento de verlas no nos divierten. Asimismo se halla ausente el sentido de la proporción, del juicio y de las aspiraciones elevadas, y de hecho todo lo que es noble, en tanto que lo vil, como el miedo, las impresiones
sensuales y el instinto de conservación funcionan de un modo tanto más vivaz cuanto que nada los controla.
La delimitación de las facultades de los Espíritus es una cuestión que se impone en este estudio. Frecuentemente se dice: "Si los Espíritus existen, ¿por qué no hacen esto
o aquello?" A esto se puede responder -sin que esto sea poner en duda su existencia- que no pueden hacerlo.

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