Una guirnalda de flores (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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La señora Grover iba a verlas y, aunque es una trabajadora, hacía por ellas lo que podía. Este invierno tuvo tiempo de sobra para coser, porque el abuelo no necesita que le cuiden mucho, excepto por la mañana y por la noche, y la buena mujer se gastaba su dinero en comprar franela caliente y algodón, para hacerles a cada una de las niñas un buen traje. Lotty había venido a buscar el suyo, y cuando tuvo el paquete en brazos, lo estrechó contra sí y levantó la carita para besar a Grover, tan lindamente, que sentí deseos de hacer también algo. Así que fui a buscar el impermeable viejo de Min y sus chanclos, y una capucha, y mandé a Lotty a su casa, tan orgullosa como una reina, prometiéndole que iría a verlas. Fuí un día y encontré allí mi tarea. ¡Oh, muchachas! Nunca habéis visto una habitación tan fría y desnuda, sin fuego y sin otra comida que una sartén con unos restos de pastel, pan y carne, que realmente no podían comerse y, en la cama, cubiertas con una alfombra vieja, estaban las tres niñas. Tod y Caddy estaban acurrucadas en el lugar más caliente, mientras que Lotty, con las manecitas azuladas de frío, estaba tratando de poner remiendos a unas medias viejas, con trozos de algodón. No sabía por dónde empezar, pero Lotty sí lo sabía y yo me limité a cumplir sus órdenes. La sensata mujercita me dijo dónde podía ir a comprar un quintal de carbón y candela para encender el fuego, y harina y leche, y todo lo que hacía falta. Trabajé como una negra durarte unas dos horas, alegrándome mucho de haber ido a una clase de cocina, porque sabía encender el fuego, ayudada por Lotty, que se encargaba de lo más sucio, y preparar una buena sopa con la carne fría, unas papas y unas cebollas. Al poco rato, la habitación estaba bien caliente y llena de un olor riquísimo, y las niñas saltaron de la cama y se pusieron a brincar en torno de la estufa y a oler la sopa, bebiéndose la leche corno gatitos hambrientos, mientras yo les preparaba las tostadas con manteca.
"¡Era muy divertido!, y cuando lo limpiamos todo, y dejé en la alacena la comida de la noche, después de decirle a Lotty que calentara un tazón de sopa para su madre y no dejara apagar el fuego, volví a casa cansada y sucia, pero muy contenta, porque había encontrado algo que hacer.

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