Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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-No me sermonees más, ¿eh, Jo? ... Bastante tengo toda la semana y quiero divertirme cuando vengo a casa. Mañana me voy a vestir como la gente, sin fijarme en gastos, y te aseguro que seré una verdadera satisfacción para mis amigos.
-Te dejaría en paz si al menos te dejaras crecer el pelo. Sabe Dios que no tengo airetes aristocráticos, pero pongo objeción a ser vista con un tipo que parece un boxeador -observó Jo con severidad.
-Este estilo modesto anima a estudiar: por eso lo adoptamos -replicó Laurie-. Y entre paréntesis, Jo, creo que el petiso Parker se está volviendo loco por Amy. Habla de ella todo el día, le escribe poemas y está en la luna la mayor parte del tiempo. Sería mejor que desterrara esa pasioncita, ¿no te parece? -añadió Laurie en tono confidencial de hermano mayor después de un minuto de silencio.
-Naturalmente... Nada de casamientos en la familia por varios años. ¡Dios de mi vida! ... ¿Qué están pensando estos niños? -exclamó Jo tan escandalizada como si Amy y Parker tuvieran doce años.
-Es una época de gran rapidez y no sé a dónde vamos a parar, señora. Tú no eres más que una criatura, pero serás la próxima en irte, Jo, y nos dejarás de duelo -dijo Laurie sacudiendo la cabeza al pensar en la degeneración de la época.
-No te alarmes; no soy del tipo de las que gustan. Nadie me va a querer, y es una suerte que así sea, pues es preciso que haya una solterona en todas las familias.
-Tú no le das oportunidad a nadie -dijo Laurie con una mirada de soslayo y algo más de color que antes en su rostro curtido por el sol-. Nunca muestras el lado dulce de tu carácter y si algún tipo lo descubre accidentalmente y no puede evitar demostrarte que le gustas, lo tratas como aquella señora Gummidge trataba a su novio: le echas agua fría y te pones tan espinosa que nadie puede ni siquiera acercársete.
-No me gustan esas cosas; estoy demasiado atareada para preocuparme de pavadas y me parece terrible romper de esa manera las familias. Ahora pórtate bien y no digas más nada; el casamiento de Meg nos ha hecho perder a todos la cabeza y no hablamos más que de amor y otros absurdos parecidos. Como no quiero enojarme, será mejor que cambiemos de tema.

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