Middlemarch, Un estudio de la vida de las Provincias (George Eliot) Libros Clásicos

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Venga, ¡confiese!

-Nada de eso -dijo el señor Brooke, sonriendo y limpiándose las gafas, pero en el fondo sonrojándose un poco ante la acusación-. Casaubon y yo no hablamos mucho de política. No se inquieta demasiado por el lado filantrópico de las cosas y todo eso. Sólo le interesan los asuntos de la iglesia. Y esa, ya sabe, no es mi línea de acción.

-¡Vaya si lo sé! Amigo mío, sé de sus andanzas. ¿Quién vendió su trocito de tierra a los papistas en Middlemarch? Estoy segura de que la compró a propósito. Es usted un perfecto Guy Faux. ¡Veremos si no queman una efigie suya este próximo 5 de noviembre! (1). Humphrey no quería venir a pelearse con usted por eso, así que he venido yo.

-Está bien. Estaba preparado para ser perseguido por no perseguir... no perseguir, ¿sabe?

-¡Ya empezamos! Vaya charlatanería se ha preparado para las elecciones. Mire, no deje que le engatusen, mi querido señor Brooke. Los hombres siempre hacen el ridículo cuando hacen discursos: no hay más solución que estar del lado adecuado y poder así pedir que bendigan su carraspeo y palabrería. Será su perdición, se lo advierto. Será la comidilla y el blanco de las opiniones de todos los partidos, y todos le acribillarán.

-Eso es lo que espero, ¿sabe? -dijo el señor Brooke, reacio a demostrar cuán poco le complacía este esbozo profético-, lo que espero por ser un hombre independiente. En cuanto a los liberales, no es probable que ningún partido enganche a quien va con los pensadores. Ese hombre podrá ir con ellos hasta un punto, ¿sabe?..., hasta un punto. Pero eso es lo que ustedes las señoras nunca entienden.

-¿Qué no entendemos? ¿Lo de su cierto punto? Pues no, no lo entendemos. Me gustaría saber cómo puede tener alguien un cierto punto si no pertenece a ningún partido, lleva una vida errante y jamás le da la dirección a sus amigos. «Nadie sabe dónde estará Brooke; no se puede contar con Brooke»... eso es lo que la gente dice de usted, si le soy sincera. Así, que, por favor, siente la cabeza. ¿Es que le gustaría ir a las sesiones con todo el mundo desconfiando de usted, con una mala conciencia y los bolsillos vacíos?

-No tengo intención de discutir de política con una dama -dijo el señor Brooke con aire de sonriente indiferencia, pero sintiéndose desagradablemente consciente de que este ataque de la señora Cadwallader había abierto la campaña defensiva a la que le habían expuesto algunas imprudencias-.

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