La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) Libros Clásicos

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propiamente della hablar, más corazas viejas de otro tiempo que
no arcaz la llamara, segun la clavazón y tachuelas sobre sí
tenía.
De que vio no le aprovechar nada su remedio, dijo:
"Este arcaz está tan maltratado y es de madera tan vieja y
flaca, que no habrá ratón a quien se defienda. Y va ya tal que,
si andamos más con él, nos dejará sin guarda. Y aun lo peor, que
aunque hace poca, todavía hará falta faltando, y me pondrá en
costa de tres o cuatro reales. El mejor remedio que hallo, pues
el de hasta aquí no aprovecha, armaré por de dentro a estos
ratones malditos."
Luego buscó prestada una ratonera, y con cortezas de queso
que a los vecinos pedía, contino el gato estaba armado dentro del
arca. Lo cual era para mí singular auxilio; porque, puesto caso
que yo no había menester muchas salsas para comer, todavía me
holgaba con las cortezas del queso que de la ratonera sacaba, y
sin esto no perdonaba el ratonar del bodigo.
Como hallase el pan ratonado y el queso comido y no cayese
el ratón que lo comía, dábase al diablo, preguntaba a los vecinos
qué podría ser comer el queso y sacarlo de la ratonera, y no caer
ni quedar dentro el ratón, y hallar caída la trampilla del gato.
Acordaron los vecinos no ser el ratón el que este daño
hacía, porque no fuera menos de haber caído alguna vez.
Dijole un vecino:
"En vuestra casa yo me acuerdo que solía andar una culebra,
y ésta debe ser sin duda. Y lleva razón que, como es larga, tiene
lugar de tomar el cebo; y aunque la coja la trampilla encima,

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