Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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eso, te sé decir que los que tu hijo tiene son de enterrarte.

-Eso es -dijo el caballero-: lo que veo por los ojos, con el dedo lo
señalo.

Y no preguntó más. Llegóse la mujer de don Antonio, y dijo:

-Yo no sé, cabeza, qué preguntarte; sólo querría saber de ti si gozaré
muchos años de buen marido.

Y respondiéronle:

-Sí gozarás, porque su salud y su templanza en el vivir prometen muchos
años de vida, la cual muchos suelen acortar por su destemplanza.

Llegóse luego don Quijote, y dijo:

-Dime tú, el que respondes: ¿fue verdad o fue sueño lo que yo cuento que me
pasó en la cueva de Montesinos? ¿Serán ciertos los azotes de Sancho mi
escudero? ¿Tendrá efeto el desencanto de Dulcinea?

-A lo de la cueva -respondieron- hay mucho que decir: de todo tiene; los
azotes de Sancho irán de espacio, el desencanto de Dulcinea llegará a
debida ejecución.

-No quiero saber más -dijo don Quijote-; que como yo vea a Dulcinea
desencantada, haré cuenta que vienen de golpe todas las venturas que
acertare a desear.

El último preguntante fue Sancho, y lo que preguntó fue:

-¿Por ventura, cabeza, tendré otro gobierno? ¿Saldré de la estrecheza de
escudero? ¿Volveré a ver a mi mujer y a mis hijos?

A lo que le respondieron:

-Gobernarás en tu casa; y si vuelves a ella, verás a tu mujer y a tus
hijos; y, dejando de servir, dejarás de ser escudero.

-¡Bueno, par Dios! -dijo Sancho Panza-. Esto yo me lo dijera: no dijera más
el profeta Perogrullo.

-Bestia -dijo don Quijote-, ¿qué quieres que te respondan? ¿No basta que
las respuestas que esta cabeza ha dado correspondan a lo que se le
pregunta?

-Sí basta -respondió Sancho-, pero quisiera yo que se declarara más y me
dijera más.

Con esto se acabaron las preguntas y las respuestas, pero no se acabó la
admiración en que todos quedaron, excepto los dos amigos de don Antonio,
que el caso sabían. El cual quiso Cide Hamete Benengeli declarar luego, por
no tener suspenso al mundo, creyendo que algún hechicero y extraordinario
misterio en la tal cabeza se encerraba; y así, dice que don Antonio Moreno,
a imitación de otra cabeza que vio en Madrid, fabricada por un estampero,
hizo ésta en su casa, para entretenerse y suspender a los ignorantes; y la
fábrica era de esta suerte: la tabla de la mesa era de palo, pintada y
barnizada como jaspe, y el pie sobre que se sostenía era de lo mesmo, con
cuatro garras de águila que dél salían, para mayor firmeza del peso.

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