La lucha por la vida II (Pío Baroja) Libros Clásicos

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Después fui al seminario de Pamplona, y conseguí encontrar una lista de los alumnos que estudiaron a fines del siglo dieciocho, y allí está don Fermín, y pone:«Núñez de Letona, Labraz (Álava)». De manera que la partida de bautismo de don Fermín se encuentra en la hoja pegada.
-¿Y por qué no ha hecho usted que la despeguen?
-No; ¿quién sabe lo que puede suceder? Podría levantar la caza. El libro queda allí. Yo he mandado a Londres mi escrito; cuando venga el exhorto, el juzgado nombrará tres peritos, que irán a Labraz, y, ante ellos y ante el juez y el notario, se despegará la hoja.
Roberto, como siempre que hablaba de su fortuna, iba exaltándose; su imaginación le hacia ver perspectivas admirables de riqueza, de lujo, de viajes maravillosos. En medio de sus entusiasmos y sus ilusiones apareció el hombre práctico; miró al reloj, se calmó en un instante y se puso a escribir de nuevo.
Manuel se levantó.
-Qué, ¿te vas? -le dijo Roberto.
-Sí; ¿qué voy a hacer aquí?
-Si no tienes que almorzar, toma una peseta. No tengo más.
-¿Y usted?
-Yo como en casa de un discípulo. Oye: si vienes a dormir, adviérteselo a mi compañero. Estará aquí dentro de un momento. Aún no se halevantado. Se llama Alejo Monzón, pero le llaman Álex.
-Bueno; sí, señor.
Almorzó Manuel pan y queso y volvió al poco rato al taller. Un hombre rechoncho, de barba negra y espesa, cubierto con una blusa blanca, la pipa en la boca, modelaba en plastelina una Venus desnuda.
-¿Usted es don Alejo? -le preguntó Manuel.
-Sí, ¿qué hay?

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