El crimen de Lord Arthur Saville (Oscar Wilde) Libros Clásicos

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-Lo que es interesante nunca está bien -dijo lady Windermere- On a fait le monde ainsi 3 Pero debo presentarla, duquesa de Paisley... Como diga usted que tiene un monte en la luna más desarrollado que el mío, no volveré a creer en usted.
-Estoy segura, Gladys, de que no habrá nada de eso en mi mano -intervino la duquesa en tono solemne.
-Mi señora está en lo cierto -contestó míster Podgers, echando un vistazo sobre la mano regordeta de dedos cortos y cuadrados. El monte de la luna no está desarrollado. Sin embargo, la línea de la vida es excelente. Tenga la amabilidad de doblar la muñeca... gracias... tres rayas clarísimas sobre su rescette... 4 Vivirá hasta una edad muy avanzada, duquesa, y será en extremo feliz... Ambición muy moderada, línea de la inteligencia sin exageración, línea del corazón...

3 Así se ha hecho el mundo (en francés en el original).
4 Las líneas marcadas sobre la piel de la muñeca.

-Sea usted discreto míster Podgers -interrumpió lady Windermere.
-Nada sería tan agradable para mí -respondió míster Podgers, inclinándose-, si la duquesa diese lugar a ello; pero siento tener que admitir que descubro una gran constancia en el afecto, combinada con un sentimiento arraigadísimo del deber.
-Siga usted míster Podgers -dijo la duquesa, complacida.
-La economía no es una de sus menores cualidades -continuó míster Podgers, y lady Windermere empezó a reír.
-La economía es un buen hábito -afirmó la duquesa, asintiendo-, cuando me casé con Paisley tenía once castillos, y ni una sola casa en condiciones de vivirse.
-Y ahora tiene doce casas, ni un solo castillo -exclamó lady Windermere.
-Bueno, querida -añadió la duquesa-, me gusta...
-El confort -dijo míster Podgers-. Y los adelantos modernos, y el agua caliente instalada en todos los dormitorios. Mi señora está en lo cierto. El confort es lo único que nuestra civilización nos puede dar.
-Ha descrito usted admirablemente el carácter de la duquesa, míster Podgers, y ahora tiene usted que decirnos el de lady Flora -y respondiendo a un gesto de cabeza de la sonriente anfitriona, una muchacha alta, con cabellos de color de arena dorada, muy escocesa, de hombros cuadrados, salió de detrás del sofá con un andar desmañado, y tendió su mano larga, huesuda, y de dedos espatulados.

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